Querido pesador de caña, querido filósofo, hijo del cazador de venados, del carpintero que hizo la mesa donde escribo, del lector de la Biblia que una tarde, en un sendero de Las Villas, vio todos los animales de la creación; hijo de Luz, de Varela, de Varona, querido niño estudioso, querido orador, amado anciano y maestro, poeta, padre mío, suave estoico, espíritu radiante, no me abandones.
Cintio Vitier: Testimonios (1959-1964), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 163-164.