CAYO HUESO
Entonces dan los ánades un grito.[1]
Lejos,
separado de mí mismo por una lejanía
no desmesurada, suficiente
para saber que las orillas no se tocan nunca,
lejanía
que tuvo el nombre nocturno de la patria
y oyó el grito desolado de los ánades,
pero que ahora se ha vaciado
para llenarse con el agua y con el aire,
con el azul o el rosa brutos
y las olas moradas que no saben nada de los hombres,
con la baba mágica del caos
y el espacio y la luz que son dos bestias hurañas
mirándose en los ojos que no vemos,
lejos,
en la poca tierra plana y sola,
en el delgado arenal con pobres pinos
y pálidas cabañas,
lejos, no mucho, inalcanzable,
yo nací.
Tomado de Cintio Vitier: Testimonios (1959-1964), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, p. 163.
Otros poemas relacionados:
- Cintio Vitier: “La luz del Cayo”(1958), Escrito y cantado (1954-1959), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 138-139.
- Cintio Vitier: “Lejos”, Escrito y cantado(1954-1959), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, p. 142.
- Cintio Vitier: “A Juana Borrero”(1964), Cuaderno así (2000), Obras 10. Poesía 3, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, pp. 241-242.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Juan Clemente Zenea: “Recuerdo”, Poesía cubana de la colonia. Antología, selección, prólogo y notas de Salvador Arias, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2002, p. 129.

