A JUANA BORRERO
(leyendo sus cartas de amor)
¡Juana Ígnea! ¡Isolda nuestra!
¿Quién eras?
¿Dónde estás?
Siento en tus cartas el olor
astralmente salvaje
de la carne de tu alma.
Tu alma fue tu carne. Por eso
no podías vivir.
Tu corazón fue tu atmósfera. Por eso
el amor en tu boca era la Zarza
ardiendo en el desierto.
Si la Otra murió quemada sin querer
tú tenías que quemarte de querer.
¿Qué querías tú?
Arder era tu sino.
Tu amor el fuego.
¡Eloísa, Julieta en una llama!
¡Juana en tu hoguera, sin más voces
que los sueños fatídicos cercándote,
sin más rey que una brasa en el desierto!
¡Ah, no puedo resistir
tu retrato de hurí fascinadora,
de brasa en agonía,
lirio tostado por el absoluto,
Madre imposible, Criolla del Espíritu!
¡El desmayo, el ensueño de la Fuerte!
¡Dominadora dominada por la flor de Titania!
¿Quién eras?
¿Dónde estás?
¡Virgen trágica, nombrada igual que Cuba,
de la estirpe de Juan, el Águila de Patmos,
paloma tú de Cuba,
apocalíptico holocausto del amor![1]
¡Ígnea! ¡Más que Isolda! ¡Juana!
¡Muerta en el arenal donde nací!
31 de mayo de 1964
Tomado de Cintio Vitier: Cuaderno así (2000), Obras 10. Poesía 3, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, pp. 241-242.
Otros poemas relacionados:
Cintio Vitier: “La luz del Cayo” (1958), Escrito y cantado (1954-1959), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 138-139.
Cintio Vitier: “Lejos”, Escrito y cantado (1954-1959), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, p. 142.
Cintio Vitier: “Cayo Hueso”, Testimonios (1959-1964), Obras 9. Poesía 2, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, p. 163.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] “Más que una poetisa, más que una pintora, Juana llegó a ser, con todas sus ingenuidades, una de las grandes amantes de la humanidad, que lo sacrificó todo, arte, salud, patria y vida, en arrebatado despojamiento, al frenesí de la pasión. […] // El absoluto que Casal situó en el arte y Martí en la patria, Juana lo vivió en el amor: el amor como arte, como patria y como único Dios. Respondía así al linaje de su nombre, sellado por el Apóstol San Juan, Apóstol del amor. Si pensamos que ese nombre fue también el de Cuba y que, en el sentido amoroso, por encima de todo azar histórico, en él encerrado, es el mismo que Martí veía en nuestra isla, nos parece que un plano profundo las contradicciones se disuelven, y que Carlos Pío, muriendo por Cuba, murió por Juana, y que ella, muriendo en su delirio de amor absoluto, se daba a la patria enriqueciéndola con el misterio de su destino sobrecogedor”. [Cintio Vitier: “Las cartas de amor de Juana Borrero” (1964), prólogo a su Epistolario, publicado por el Instituto de Literatura y Lingüística en dos tomos, 1966-67, Obras 3. Crítica 1, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2000, pp. 183 y 205, respectivamente].

