LA SALA MARTÍ

A partir de este 28 de enero, 115º aniversario del nacimiento de Martí, la Biblioteca Nacional que ostenta este nombre, justificará más ese honor con la creación de una sala especial consagrada a quien fuera ejemplo de hombre, de escritor y de revolucionario. La iniciativa feliz se debe a Manuel Pedro González, profesor de literatura hispanoamericana, laborioso y crítico, que ha dedicado muchos años a la tarea de mostrar la posición cimera de Martí en el panorama de las letras hispánicas de los últimos 80 años. Más de una vez, en sus frecuentes visitas a Cuba, este incansable martiólatra —y creo que el vocablo se debe a él— hizo la sugerencia. Esta fue repetida por Manuel Pedro en una ponencia que presentó conjuntamente con el poeta Carlos Pellicer y el ensayista uruguayo Ángel Rama al Encuentro con Rubén Darío, celebrado en La Habana con motivo del centenario del gran poeta en enero del pasado año.

     Como se sabe, al Encuentro convocado por la Casa de las Américas, acudieron escritores de numerosos países de América y Europa, quienes aprobaron la mencionada ponencia como único acuerdo de la histórica reunión. En el acuerdo se incluía también la creación de un Instituto de Literatura Latinoamericana. La parte relativa a la sala, consignaba: “Que se instituya una ‘Sala Martí’, que eventualmente podría funcionar en la Biblioteca Nacional, como homenaje del país y de los escritores latinoamericanos a una de las principales figuras del modernismo. En dicha sala se reuniría toda la obra del escritor, las diversas ediciones de sus libros, los manuscritos y demás documentos referidos a su actividad literaria, y todo lo que se ha escrito sobre él y su obra”.

      Hay que reconocer que esta sala de nueva creación —y su indudable existencia lo pone de manifiesto más aún— viene a llenar una verdadera necesidad. Permite acumular todos los fondos posibles de la obra de y sobre Martí, y ponerlos a disposición de las personas que deseen estudiar aspectos de la personalidad multifacética del gran cubano. Ahora se comprende que la Biblioteca Nacional no podía estar completa sin esa sala especial. Su director, Sidroc Ramos,[1]  de estirpe martiana, así lo ha comprendido. Y la tarea de organizar la nueva sala no podía estar en mejores manos que en las de Cintio Vitier y Fina García Marruz. Poetas de la más alta condición, estudiosos avezados del proceso literario cubano, unen a su lucidez crítica una apasionada devoción hacia Martí.

     En reciente entrevista con los poetas —periodistas Froilán Escobar y Félix Contreras en relación con la Sala Martí—aparecida en Juventud Rebelde,[2]  apuntaba Vitier que aquella funcionaría vinculada a otras instituciones, “especialmente con la Fragua Martiana que dirige con acierto Gonzalo de Quesada y Miranda”. En cualquier empeño concerniente a José Martí, no puede prescindirse de esa decisiva colaboración. Jamás podrá olvidarse que, si la obra de Martí se ha divulgado en extensión y en profundidad, es porque este martista raigal continuó y completó la hermosa labor emprendida por su padre, el discípulo predilecto y albacea literario del Maestro, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, cuyo centenario celébrase este año. A sus títulos de director de las obras completas de Martí —la edición de Trópico[3]  y la edición nacional realizada por el Gobierno Revolucionario[4] —, hay que añadir su tarea constante de muchos años al frente de la Fragua Martiana y del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana —cuyos antiguos alumnos permanecen unidos en una asociación a la que Gonzalo no cesa de consagrar sus entusiasmos. Y, además, debe tenerse en cuenta el programa de ediciones que tiene en preparación, y que complementan en cierta forma la edición nacional de las obras completas.

     Es preciso saludar con alegría la creación de la Sala Martí en la Biblioteca Nacional. Seguramente, contará con la colaboración de los poetas y críticos que se reunieron en el Encuentro con Rubén Darío y que se adhirieron a la bella iniciativa. Trabajos dispersos de Martí en algunos periódicos de nuestra América es posible que aparecieran por la búsqueda afanosa y vinieran a enriquecer los fondos de la Sala, y documentos de o sobre Martí que ocasionalmente hubieran caído en manos de coleccionistas. Por lo pronto, aparecen claros los objetivos de la Sala, explicados por Cintio Vitier en la entrevista a que hemos hecho mención: “ofrecer a los investigadores cubanos y extranjeros (incluyendo estudiantes de nivel universitario) un lugar donde se acumulen, debidamente clasificados, todos los materiales de que pueda hacer acopio la Biblioteca Nacional, mantenerse en contacto con los especialistas martianos extranjeros para obtener de ellos sus publicaciones, noticias y sugerencias, estableciendo una corriente viva de trabajo y colaboración, y realizar anualmente la bibliografía martiana”.

El Mundo, La Habana, 28 de enero de 1968.

Ángel Augier[5]


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Sidroc Ramos Palacios (1926-2012).

[2] “Cintio Vitier: sobre la Sala Martiana”. Entrevista de Froilán Escobar y Félix Contreras, Juventud Rebelde, La Habana, 17 de enero de 1968, p. 4, il.

[3] JM: Obras completas, edición a cargo de Gonzalo de Quesada y Miranda, prólogo de Emeterio S. Santovenia, La Habana, Editorial Trópico, 1936-1958.

[4] JM: Obras completas, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1963-1975, 27 tomos.

[5] Véase Ciro Bianchi Ross: “Augier al tacto”, Las palabras de otro, La Habana, Ediciones Unión, 1982, pp. 55-65.