Pablo Gonzalvo Pérez (1828-1896)

Nació en Zaragoza en 1828. Pintor paisajista, especializado en perspectivas o vistas interiores de monumentos como las catedrales de Toledo, de La Seo de Zaragoza, de Granada, así como de vistas de otros monumentos.[1] Fue profesor de Perspectiva en las Escuelas de Bellas Artes de Cádiz y de Madrid. Concurrió a las Exposiciones Nacionales desde 1855 a 1892, obteniendo tres medallas de primera clase en las de 1860, 1862 y 1864, así como premios en las Exposiciones de Bayona (1864) y París (1867).

     Entre sus cuadros más famosos figuran Vista de la Lonja de la seda en Valencia (1860), Capilla y sepulcros de D. Álvaro de Luna y de su esposa Doña Juana de Pimentel en la catedral de Toledo (1862), Celebrada Casa de la Infanta en Zaragoza, la salida del combate (1868) y Vista del interior de La Seo de Zaragoza (1876).

     José Martí sostuvo amistad con él durante su destierro en España y dejó unos encomiásticos apuntes, en que celebra la “mano magistral” “del laborioso, modesto y laureado Gonzalvo: que más que por lo laureado, vale por lo modesto”.[2] Falleció en Madrid en 1896. Véase “Pablo Gonzalvo, el pintor aragonés amigo de Martí”, en Manuel García Guatas: La Zaragoza de José Martí, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2004, pp. 27-36.

[Tomado de La Zaragoza de José Martí, ob. cit., p. 135 y OCEC, t. 28, p. 291. (Nota modificada por el E. del sitio web)].


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] “Para encontrar a Gonzalvo, el pintor de las perspectivas, cuyo único rival es cierto barón alemán, hay que buscarlo bajo los arcos sombríos de la Seo, la iglesia gótico mudéjar de fachada brutalmente moderna y su roja y puntiaguda cúpula árabe. En el invierno hay que buscarlo en Madrid, donde termina, con el paciente cuidado de Meissonier, sus estudios del pasado verano, y enseña arte a los estudiantes de la Academia de San Fernando, o pide a sus amigos, no consejos—que no los necesita él—sino cariño y entusiasmo. Es difícil comprender cómo una naturaleza tan tierna y sensible puede adaptarse de manera tan admirable a pintar el mármol y el granito. Todo su trabajo es excelente, y se paga sin reservas por los expertos ingleses. Nadie como Gonzalvo puede medir las distancias con tanta exactitud, ni sabe reproducir la severidad y dureza de una línea recta, o recrear, casi viva, la antigua belleza ornamental. El Museo del Prado tiene un exquisito cuadro de Gonzalvo, El patio de las infantas. Con su Alhambra está presente su genio en los Estados Unidos”. (JM: “Artistas españoles”, The Hour, Nueva York, 1ro de enero de 1881, OCEC, t. 7, p. 376).

[2] JM: “Notas sin orden tomadas sobre las rodilla, al pie de los cuadros.—Rapidísima visita al Salón de ‘Autores Contemporáneos’.—Museo de Madrid”, [Madrid, 1879], OC, t. 15, pp. 140-142.