El papalotero en el tapiz de Goya me recuerda esa luz que mi padre, soñándose y riéndose, extraía del Cristo ABC de su infancia, como chorreante pescado misterioso.
Asombrado hijo del hechizo, mientras la nada trepa por las piedras, el majo bruto tiende el hilo que lo levanta a él a peso ingrávido en la exposición de esa nublada luz, ya tan extraña. El que abajo fuma un pitillo nada sabe. El brumoso embozado sabe. ¿Y yo, y tú?
Tomado de Hojas perdidizas, Nupcias (1979-1992), Obras 10. Poesía 3, prólogo, compilación y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2011, p. 52.