PATRIA, POESÍA Y ANTIIMPERIALISMO EN JOSÉ MARTÍ
...continuación 2
- “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas;—y mi honda es la de David”.[29] El duelo entre el pastorcillo David, salmista por más señas, armado solo de honda y piedras, con el gigante Goliat, paladín superarmado de los filisteos, se cuenta en Samuel 17, 1-2. (Sobre el minucioso conocimiento de la Biblia de José Martí debe leerse el estudio de Rafael Cepeda,[30] Lo ético-cristiano en la obra de José Martí, Matanzas, Centro de Información y Estudio Augusto Cotto (Consejo Ecuménico de Cuba, 1992). Por cierto, que el hermano mayor de David, llamado Eliab, cuando lo ve lo reprende y se burla diciéndole que solo “para ver la batalla has venido”. ¿Se fijaría Martí en este detalle, además del valor simbólico de aquel duelo? La acusación de “capitán araña” lo persiguió hasta el final, y probablemente tuvo que ver con su desobediencia de la orden que le dio Gómez en Dos Ríos de permanecer en la retaguardia, y con su decisión de lanzarse a la batalla con la única compañía de Ángel de la Guardia Bello, de quien dijo Antonio Maceo que nunca conoció combatiente más temerario (su grito de guerra era: ¡Faja o caja!, grado de general o ataúd), y que por cierto murió en la toma de Victoria de las Tunas, combatiendo junto al hijo de Martí, a las órdenes ya de Calixto García, como artillero, igual que su abuelo español.
- “el corresponsal[31] del Herald, q. me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial (curial, de curia, Senado romano y, por extensión, altos dignatarios de la Iglesia católica o de los gobiernos monárquicos), sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta solo de que haya un amo, yankee o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,—la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,[32] —la masa inteligente y creadora de blancos y de negros”.[33]
Los criterios de este párrafo deben relacionarse con el pasaje del Manifiesto al New York Herald de 3 de mayo de 1895, en que se refiere a “los cubanos arrogantes o débiles” que quisieran apoyar “el señorío social” con “un poder extraño que se prestase sin cordura a entrar de intruso en la natural lucha doméstica de la isla favoreciendo a su clase oligárquica e inútil contra su población matriz y productora, como el imperio francés favoreció en México a Maximiliano”.[34]
A lo que añade, como supuesto caso imaginario: “Los Estados Unidos, por ejemplo, preferirían contribuir a la solidez de la libertad de Cuba, con la amistad sincera a su pueblo independiente que los ama, y les abrirá sus licencias todas, a ser cómplice de una oligarquía pretenciosa y nula que solo buscase en ellos el modo de afincar el poder local de la clase, en verdad ínfima de la Isla, sobre la clase superior, la de sus conciudadanos productores”. Como si tanta benévola suposición fuera poco, concluye convirtiendo en irónico elogio (rara avis en Martí) lo que era su más profunda convicción: “No es en los Estados Unidos ciertamente donde los hombres osarán buscar sementales para la tiranía”.[35] Por todo ello también en la carta a Mercado habla de “impedir a tiempo” la intervención de los Estados Unidos, que fue lo que intentó Martí con el Plan de Fernandina, cuyo fracaso, debido a la primera Intervención de Estados Unidos en el destino de Cuba, frustró las posibilidades de una guerra rápida, sin contar otras malas consecuencias, como el peligroso desembarco en Playita y el desacuerdo de Maceo con Martí en La Mejorana.[36]
A mi juicio, y es algo que vengo sosteniendo desde 1962,[37] estos dos fragmentos enlazados implican un cambio de actitud respecto al indudable y varias veces expresado rechazo de Martí a la lucha de clases. Cuando habla en el artículo sobre Marx de buscar “remedio blando al daño”,[38] no hay contradicción: se refiere al daño interno de la desigualdad social, no de la guerra “inevitable” y “necesaria”. Pero si la “lucha doméstica”, a la que por primera vez llama “natural”, debido a la injerencia norteamericana se torna inevitable, su partido estaba tomado, como lo dijo en los Versos sencillos, “con los pobres de la tierra” (y, por cierto, no solo de Cuba). De una toma de partido personal se convertiría, también inevitablemente, como empezó a ocurrir ya desde principios de la República mediatizada, en una toma de partido nacional de obreros y campesinos.
- —“Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E. Unidos a rendir la Isla a los cubanos”.[39] La noticia de esa posible infamia, que en efecto se confirmó con el Tratado de París, solo suscita en Martí un absoluto silencio. Creo que, no obstante, la ausencia total de comentario, o por eso mismo, este es el momento más dramático, por no decir trágico, de la carta-testamento.
- Algo de lo que habitualmente no se habla mucho, y que hay que relacionar con la mayor infamia política del gobierno español, aparece en la carta tresveces aludido: la existencia de los que llama “españoles anexionistas”.[40]
- El equilibrio entre lo militar y lo civil, cuya disfunción hirió de muerte a la guerra iniciada por Céspedes—inicio también de la fragua de la nación cubana, no del estado cubano, que, según José Lezama Lima, solo se conformó a partir de enero de 1959[41]—; ese equilibrio es el que Martí, partidario además de la presencia de las virtudes republicanas en plena guerra, propone cuando escribe a Mercado: “La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara[42] sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,—la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios[43]”.[44]
- “Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablará de mí. Ya que solo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájerano vive donde se le vea, mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece”.[45]
En su magnífica Introducción[46] al libro de Marco Pitchon José Martí y la comprensión humana, Fernando Ortiz cita entre las pruebas de su religiosidad sin Iglesia ni dogmas, la sentencia sobre Nájera que acabamos de reproducir. Si ya no vive en lo visible el poeta Manuel Gutiérrez Nájera, también amigo entrañable, es porque vive en lo invisible, así piensa Martí. No en vano consideró a la Naturaleza Universal, maestra de todas sus razones, reino a la vez de lo visible y lo invisible, raíz de la, a su juicio, necesaria conciliación de materialismo y espiritualismo,[47] tan comprobable por nosotros reunidos aquí, ahora mismo. Pues qué cosa es la Revolución cubana hoy y siempre, sino la resurrección histórica de Martí en nuestras almas y en nuestros actos.
Tomado del Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, no. 29, pp. 9-14.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[29] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., p. 73.
[31] Eugene Bryson George (¿-?).
[32] En una carta al general Máximo Gómez, fechada en Nueva York, el 20 de julio de 1882, Martí le asevera: “Y aún hay otro peligro mayor, mayor tal vez que todos los demás peligros. En Cuba ha habido siempre un grupo importante de hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española, pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esta clase de hombres, ayudados por todos los que quisieran gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los observadores ligeros, todos los apegados a la riqueza, sienten tentaciones marcadas de apoyar esta solución, que creen poco costosa y fácil. Así halagan su conciencia de patriotas, y su miedo de serlo verdaderamente. Pero como esa es la naturaleza humana, no hemos de ver con desdén estoico sus tentaciones, sino de atajarlas”. (OCEC, t. 17, pp. 328-329). (N. del E. del sitio web).
[33] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., pp. 73-74.
[34] JM: “Carta al director de The New York Herald”, Jarahueca, 3 de mayo de 1895, Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1987, no. 10, pp. 60-61.
[35] Ibíd., p. 61.
[36] “Escribir en la historia la estrofa que faltaba al poema libertario americano de 1810: eso quería Martí. El Plan de Fernandina era el magnífico proyecto de esa estrofa, el ejemplo máximo de la fusión en él de los dones del poeta y del revolucionario. De haberse cumplido aquel plan en su momento justo, de haber vivido Martí para llevar la guerra hasta su consumación, otra hubiera sido la suerte de Cuba. Pero la realidad no se deja manejar como los elementos de un poema. Hay en ella factores imprevisibles, ingobernables, oscuros, malignos, y ‘el mal’, como ha dicho un gran poeta francés, ‘no compone’. Allí, en aquella traición que desbarató el Plan de Fernandina, se sitúa el origen de innumerables desdichas nuestras, porque en aquel acto se concentraron, como en un solo punto y cifra, en un solo hombre que Martí no pudo encender, todas las fuerzas negativas que se oponen a la luz”. (Cintio Vitier: “Etapas en la acción política de Martí” (1962), Temas martianos. Primera serie (1969), La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, pp. 64-65). Fina García Marruz califica “el fracaso de La Fernandina”, como “verdadero ‘pecado original’ de nuestra historia, de que dependió quizás el curso todo de la guerra y la muerte de Martí”. (“Las cartas de Martí”, (1968), Temas martianos. Primera serie, ob. cit., p. 412).
[37] “Etapas en la acción política de Martí”, ob. cit., pp. 50-52.
[38] JM: “Cartas de Martí. Suma de sucesos”, La Nación, Buenos Aires, 13 y 16 de mayo de 1883, OCEC, t. 17, p. 64.
[39] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., p. 74.
[40] Ibíd., p. 74.
[41] En “Demandando a la vida su secreto”, Cintio Vitier afirma: “[…] desde 1953 el supuestamente ahistórico, apolítico y evasionista José Lezama Lima, único poeta cubano que desde mucho antes había planteado distingos esenciales entre la nación y el Estado, que lo llevaron a escribir en enero de 1956, evocando los comienzos de Orígenes: “Creíamos que cada forma alcanzada artísticamente tenía que lograr, por una nobleza más evidente, una claridad para el estado, entonces, como ahora, indeciso, fluctuante, mediocrísimo”; y que después del triunfo revolucionario de 1959 escribiría: “La Revolución Cubana no es otra cosa que la creación del verídico estado cubano. Albricias, aquí revolución es creación. No revolución dentro de un estado anterior, que nunca existió, sino creación de un nuevo ordenamiento estatal, justo y sobreabundante”. (Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1988, no. 11, pp. 354-355).
[42] José Martí alude a la Cámara de Representantes, cuerpo legislativo formado por los patriotas cubanos al crear la República en Armas el 10 de abril de 1869 en el poblado de Guáimaro. La Constitución allí aprobada daba amplias facultades a la Cámara, incluida la deposición del Presidente, y para muchos esas atribuciones contribuyeron decisivamente a las divisiones entre los patriotas y al cese de la Guerra de los Diez Años sin alcanzar la independencia ni la abolición de la esclavitud.
[43] Las ideas expresadas indican a las claras, por un lado, la disposición de Martí a deponer su jefatura del movimiento patriótico como Delegado del Partido Revolucionario Cubano ante el organismo de gobierno que se constituyese en los campos de Cuba, y, por otra parte, revelan a las claras el tema central tratado y los puntos de vista acordados en la reunión de la finca La Mejorana, efectuada el 5 de mayo de 1895 entre José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.
[44] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., pp. 75-76.
[45] “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., p. 76. Las cursivas son de CV.
[46] Fernando Ortiz: “La fama póstuma de José Martí”, prólogo al libro de Marco Pitchon: José Martí y la comprensión humana, La Habana, Talleres de P. Fernández, 1957.
[47] “Yo vengo a esta discusión con el espíritu de conciliación que norma todos los actos de mi vida. Yo estoy entre el materialismo que es la exageración de la materia, y el espiritismo que es la exageración del espíritu”. (“Debate en el Liceo Hidalgo”, Revista Universal, México, 8 de abril de 1875, OCEC, t. 3, p. 240).

