En Ávila

En Ávila, mis ojos…[1]

En el Convento de la Encarnación,
en su ventana abierta hacia la sierra
pura del Guadarrama, se cree mirar
ese mismo paisaje convertido en visión
celeste. Ya la muralla
de piedra rosa, piedra
de carne y alma y rosa unidas,
prepara la mirada a la distancia
pura de su evidencia, a su difícil,
tierna y arriscada majestad.
La muralla es el alma de Ávila.
Ella es Teresa y su interior castillo,
huerto cerrado que es la inspiración
de la tremenda castidad de España.
Pájaros conventuales y tomillo
silvestre en la ladera, breve
patio interior con franciscanas
lagartijas, todo responde aquí
al misterioso numen de tu nombre.
Convento de la Encarnación.
Luz rosa encarnada
desciende a la materia y la traspasa
conservándola intacta.
Estoy mirando el aire más alto de España.
La desvalida y fiera[2] criatura
armada de su pecho.
Lo parco como asilo. Lo recio como pan.
La lejanía como una madre.

Fina García Marruz

Tomado de La tierra amarilla, Visitaciones (1970), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. 1, p. 391.

Poemas de Fina García Marruz en este sitio web.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Poema anónimo del siglo XV. (La voz de Fina García Marruz. Poesía en la Residencia (audiolibro), Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2011, p. 63).

[2] Debe entenderse que el adjetivo “fiera” como ha señalado la propia Fina en relación a la obra de José Martí, tanto en prosa como en verso, es usado “en el sentido de vehemente, no de feroz” y “de una fidelidad a toda prueba”. Véase FGM: “Venezuela en Martí” (1981), Temas martianos. Tercera serie (1995), La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, p. 102; y “La guerra sin odios”, El amor como energía revolucionaria (1973-1974), Albur, órgano de los estudiantes del Instituto Superior de Arte, núm. especial, La Habana, mayo de 1992, p. 145.