Herodes
Conocido como Herodes el Grande o Herodes I, fue rey de Judea, Galilea, Samaria e Idumea entre los años 37 a. C. y 4 a. C., ejerciendo como monarca vasallo del Imperio Romano. Nació alrededor del año 73 o 74 a. C. en Idumea, al sur de Judea, siendo hijo de Antípatro de Idumea, un oficial de alto rango, y de Cipros, una noble nabatea. Su linaje era edomita (idumeo), un pueblo que había sido convertido al judaísmo por la fuerza aproximadamente un siglo antes, lo que siempre hizo que su legitimidad religiosa fuera cuestionada por los sectores más piadosos de la sociedad judía.
Su ascenso al poder se debió principalmente a su habilidad política y su lealtad a Roma. En el año 40 a. C., el Senado romano, por indicación de Marco Antonio, lo nombró “rey de los judíos” con el encargo de recuperar Judea de manos de Antígono, el último representante de la dinastía asmonea. Tras tres años de combates, con apoyo de las legiones romanas, Herodes conquistó Jerusalén en el año 37 a. C., consolidándose como el indiscutible gobernante de la región. A pesar de haber apoyado inicialmente a Marco Antonio, tras la victoria de Octavio (futuro emperador Augusto) en la batalla de Accio (31 a. C.), Herodes supo ganarse la confianza del nuevo emperador, quien lo mantuvo en el trono y le devolvió los territorios perdidos.
Herodes es recordado principalmente por dos aspectos. Por un lado, fue un gran constructor. Su legado arquitectónico incluye la fastuosa reconstrucción y expansión del Segundo Templo de Jerusalén (conocido como el Templo de Herodes), la construcción del puerto y la ciudad de Cesarea Marítima, la fortaleza de Masada, el imponente palacio-fortaleza del Herodión (donde fue sepultado), y la Fortaleza de Antonia en Jerusalén. También fue patrocinador de los Juegos Olímpicos y embelleció numerosas ciudades fuera de Judea.
Por otro lado, su reinado estuvo marcado por una brutalidad y una paranoia extremas. Para consolidar su posición, ejecutó a numerosos miembros de la dinastía asmonea, incluyendo a su esposa Mariamna (a quien amaba profundamente), a su suegra, a su cuñado y a tres de sus propios hijos (Alejandro, Aristóbulo y Antípatro), víctimas de sus constantes sospechas de conspiración. Esta obsesión por eliminar posibles rivales es el contexto en el que el Evangelio de Mateo sitúa la “matanza de los Inocentes”: la orden de ejecutar a todos los niños menores de dos años en Belén para eliminar al recién nacido “Rey de los judíos” que los magos de Oriente le anunciaron.
Herodes falleció en el año 4 a. C. en Jericó, a una edad avanzada (aproximadamente 70 años), tras una dolorosa enfermedad que las descripciones de Flavio Josefo —principal fuente histórica sobre su vida— han llevado a los especialistas a atribuir a insuficiencia renal crónica complicada con otras dolencias. A su muerte, el reino fue dividido entre sus hijos: Herodes Arquelao (etnarca de Judea y Samaria), Herodes Antipas (tetrarca de Galilea y Perea) y Herodes Filipo (tetrarca de Iturea y Traconítide), lo que dio origen a la tetrarquía herodiana mencionada en el Nuevo Testamento.

