Quién fuera como el fuego que está siempre en su centro tranquilo ardiendo solo y estando afuera está en su ser absorto, quién fuera como el fuego que no teme.
Quién como las estrellas impasible de las generaciones viera solo el subir de las olas o el declive. Quién tuviera un hogar, bien firme todo.
Pero no ha de quejarse de su suerte quien de un breve morir solo es testigo, víctima sola de una sola muerte.
Si tú, Señor, de mil fuiste dolido, si tú, padre enlutado, uno por uno tienes que ver morir todos tus hijos.