UN RETRATISTA PLUTARQUIANO
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Conkling fue probablemente el más elocuente y culto de todos los oradores políticos durante la década de los setenta y principios de la de los ochenta del siglo xix. Fue un maestro de la oratoria desde la temprana edad de veinticinco años. Tenía la imaginación, la facilidad de palabras, el talento, la cultura, y hasta la belleza y dignidad en la apariencia física que debería poseer todo gran orador. Sin embargo, Conkling —al igual que su digno e inflexible rival político dentro del partido republicano, James G. Blaine—, se valió de su capacidad intelectual y destrezas para satisfacer sus ambiciones personales más que para servir al pueblo. Su extraordinaria habilidad siempre la empleó para ascender políticamente, defender los intereses de los grandes capitales y de la clase gobernante, o para aplastar a sus enemigos, pero nunca para socorrer al humilde o mejorar su suerte. Fue un aristócrata por temperamento: arrogante e insolente. En espíritu y acción, fue la antítesis exacta de Wendell Phillips. Mientras Phillips echó su suerte con los esclavos y los trabajadores, y dedicó su vida a su redención, no obstante, su ascendencia aristocrática, Conkling creía firmemente en la idea de una república plutocrática, gobernada por los ricos. Tenía en poca o ninguna estima a las masas. Como dijo Martí, su ambición no era servir al pueblo, sino valerse de él. Con el ascenso al poder de Garfield y Blaine, Conkling fue derrotado finalmente. Durante los últimos cinco años de su vida, soportó con estoica dignidad la humillación de su derrota y la ingratitud y traición de sus amigos y colegas del partido. En el infortunio de estos años, adquirió una estatura moral que sus grandes triunfos nunca le dieron. Martí resume esta idea en palabras consideradas como un perfecto epitafio para Conkling: “Su derrota fue su gloria. Comenzó a ser grande cuando dejó de ser ambicioso”.[36]
Considerando el abismo ético que separa a Martí de Conkling, apenas podemos creer que haya escrito un panegírico cuando este murió en 1888. Aun así, el ensayo es totalmente justo para con él. Desde el mismo párrafo inicial encontramos una mezcla de admiración por la capacidad intelectual de Conkling y por su maestría para conducir y dominar a los hombres, como su desdén por el egoísmo con que empleó sus dones. Martí comienza su espléndido retrato con estas palabras: “Jamás hubo ejemplo tan patente de la esterilidad del genio egoísta como el orador magnífico que ha muerto ayer,[37] el comisario imperial de Grant, el cismático en la presidencia de Garfield,[38] enemigo implacable de Blaine, el más gallardo y literario de los oradores de los Estados Unidos, Roscoe Conkling”.[39]
Martí hace galas en este estudio de un conocimiento profundo de la personalidad de Conkling y de los avatares políticos en que desempeñó un rol supremo. Demuestra una perspicacia sui géneris, y su clarividencia para juzgar a los hombres y descubrir sus ambiciones e impulsos más profundos. En el retrato de Conkling, Martí desaprueba su falta de generosidad, evidenciada en su actitud arrogante y despectiva hacia los pobres. Al mismo tiempo, no puede dejar de admirar su magnífica elocuencia, su talento y cultura, pero, sobre todo, su honestidad, en tiempos en que la integridad personal no estaba de moda.
(José Martí Epic Chronicler of the United States in the Eighties,[40] Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1953, pp. 31-45; 75-77).
Tomado de Norteamericanos. Apóstoles, poetas, bandidos, La Habana, selección y estudio introductorio de Marlene Vázquez Pérez, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2009 y 2019, pp. 402-419 y 282-292.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[36] JM: “Muerte de Roscoe Conkling”, La Nación, Buenos Aires, 19 de junio de 1888, OCEC, t. 28, p. 193.
[37] Roscoe Conkling falleció el 18 de abril de 1888.
[38] José Martí parece aludir a la renuncia de Conkling a su puesto de senador en 1881. Véase la nota 12 de esta crónica.
[39] “Muerte de Roscoe Conkling”, ob. cit., p. 183.
[40] Véase “A Plutarchian Portrayer”, en José Martí: En los Estados Unidos. (Periodismo de 1881 a 1892), ed. crítica, Roberto Fernández Retamar y Pedro Pablo Rodríguez, coords., ALLCA XX, Colección Archivos de la UNESCO, 43, 2003, pp. 2020-2029.

