Viernes Santo
Cara
Un día al año,
una tarde, un par de horas,
no te podemos dedicar.
El trabajo apremia
(el corte de caña, la recogida
de papas y tomates),
y además no creemos en ti
ni siquiera como símbolo,
historia
o reliquia.
En cuanto a los niños,
estudian, juegan o trabajan:
nada tienen que ver contigo,
su salvación está en otras manos
que no se dejan clavar en una cruz;
antes bien, empuñan las armas
y las herramientas.
El azul, desierto, brilla.
Las palmas no recuerdan a los olivos aquellos
ni en sus fibras hay ningún vestigio
del madero donde te crucificaron.
El hombre y la naturaleza están absortos,
entregados a sus mutuas relaciones
de producción, de lucha y goce.
No hay nada que purgar.
(Una visita
a los hospitales en este mediodía
cegador, sería como, en la fábrica,
un vistazo a la nave de desechos).
Que un pequeño grupo vele,
carece de importancia.
Mañana,
de ellos
no quedará ni un signo en el polvo.
Cruz
Estás en el trabajo,
en la atención,
en el juego de los niños,
en la luz
que inunda al ojo desolado,
en la flor
incesantemente cortada y renacida.
Y en el esfuerzo de los hombres
de buena voluntad,
inconscientes del tesoro
que llevan a tu pecho,
del aire que te dan, del poco alivio
que traen sus manos rudas, ciegas,
al horror de tu agonía que no acaba.
Sonriendo entre las lágrimas,
comprendes bien la zafra
y ciertamente no eres enemigo
de las graciosas papas,
de los rojos tomates
inobjetables, justos.
En verdad te gustaría,
mientras mueres,
que todo fuera muy bien hecho,
con alegría y con amor,
y que la cena humeara feliz
mientras bajas al sepulcro.
Cara o cruz
Los que piensan en el prójimo
y lo ayudan y trabajan para él
son tus discípulos:
no importa que lo ignoren.
También los que te conocían
te dejaron solo.
Quizás algunos
se complacen demasiado en tus imágenes
y duermen orgullosos de tu nombre
que no han sabido honrar.
Olvidado por unos y por otros,
Desconocido, estás
pendiente de tus hijos
y tus palmas
(ellas saben
cómo echa ramos una cruz):
en el fruto,
en el sudor,
en la ignorancia,
en el Olvido de Ti Mismo
que es la Materia de la Realidad.
24 de marzo de 1967
Tomado de Entrando en materia (1967-1968), Obras 9. Poesía 2, compilación, prólogo y notas de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2009, pp. 262-264.

