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May. 8-46
Hasta el desamor de quien debemos esperar amor, consuela la religión o la filosofía, para mí reunidas o confundidas en una.
Es necedad creer los hombres que han de encontrar otra panacea en este valle de lágrimas.
Pero mientras están en el placer, o tienen esperanza de volver a las ollas de Egipto, no quieren entrar por vereda.
Los positivistas (y las positivistas más) se ríen de todos estos remedios espirituales; y sin embargo, indirectamente experimentan su benigno influjo, en el modo con que los tratan y curan los que en ellos creen amplectis ulnis.[1]
Así es el mundo: tocan a algunos atesorar virtudes para distribuir consuelos. Aquí está el galardón del justo, si es que necesita otro que el testimonio de su conciencia, de Dios,[2] su padre y confortador.
Tomado de Aforismos, Obras, ensayo introductorio (“José de la Luz y Caballero. Las raíces de una cubanidad pensada”), compilación y notas de Alicia Conde Rodríguez, La Habana, Ediciones Imagen Contemporánea, 2001, 5 vol., vol. I, p. 198.

