POR LAS PUERTAS DE SALVADOR ARIAS

En 1981 comencé a participar en los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos y seleccioné a La Edad de Oro como tema de investigación. Ello me puso inmediatamente en el camino de Salvador Arias. Al principio era solo una referencia bibliográfica, el firmante del pró­logo “La Edad de Oro noventa años después” que daba magistral inicio a la edición de Acerca de La Edad de Oro, que en 1980, para celebrar el nonagésimo aniversario de la revista, publicara el Centro de Estudios Martianos. Un libro fundacional que en su primera página anunciaba modestamente “Selección y prólogo Salvador Arias”, pero…, ¡qué prólogo y qué selección! De La Edad de Oro —en apretado resumen— enseñaba todo: génesis, publicación, acogida, cese, rescate, resonancia en el pensamiento revolucionario cubano, vigencia. Un encadenamiento de datos, hechos y circunstancias de los avatares de la revista martiana, desde su nacimiento hasta el presente. Su concepción como proyecto orgánico para preparar a la niñez de América; la premisa ética, científica y estética de sus men­sajes; su perfil temático; su relevancia ideológica, pedagógica y li­teraria. Y para complementar su aleccionador preámbulo le seguían los trabajos de una brillante cohorte de investigadores y escritores de Cuba y otros países, que desde la década del 50 habían tenido acercamientos valientes y novedosos a estos textos martianos para la niñez y la juventud. En 1989, en la nueva edición de Acerca de La Edad de Oro, que celebraba el centenario, vuelve Salvador con “La Edad de Oro cien años después” un prólogo ampliado y enriquecido, al igual que su selección que esta vez abrió espacio a los jóvenes, entre los que me contaba. Así le conocí, un hombre amable y pau­sado, en cuyos modales se adivinaba inmediatamente al profesor, y de cuyas virtudes poco tengo que decir pues, si ya era demostra­ción de grandeza compartir su cátedra con los veteranos, qué decir de llamar a los principiantes a acompañarlo.

     Sin espacio para hacer una cronología detallada de la continua y edificante obra de Salvador enfocada en La Edad de Oro salto al año 2011 para referirme a la edición ampliada de Glosando La Edad de Oro, una compilación de artículos breves que había venido pu­blicando en el periódico Juventud Rebelde para rescatar algunos “incitantes detalles” que emergían de sus acercamientos a la revis­ta y eran “merecedores de atención por separado”. Sorprendente libro, donde el académico se transforma en periodista. De ahí el lenguaje sencillo y coloquial con títulos que crean una inmediata cercanía: “La boda de Meñique”, “La vestimenta de Bebé, “El libro de Nené”, “Guarocuya, el reyecito bravo”, “La casa de muñecas de Piedad” y hasta “Playas en Martí”, donde en “preciosa intertextualidad” nos muestra una Pilar vestida de encajes y descalza, que con balde y paleta camina por las playas de Nueva York en las Escenas norteamericanas de 1888. Situaciones, acciones y objetos asociados a personajes conocidos, que enganchan al lector para después trans­portarlo a la profundidad de los mensajes que sus historias encie­rran. Glosas que van mucho más allá de la profundización didác­tica de temas ya tratados, porque hay en este pequeño libro enfoques analíticos de inmenso valor pedagógico. Y como ejemplo: “Estrate­gias y estructuras en La Edad de Oro”, donde Salvador explica cómo se le ofrecen opciones al público infantil para que ejerza su criterio y refuerce su escala de valores a través de oposiciones binarias que son visibles desde los títulos: “Los dos príncipes”, “Los dos ruiseñores” o “Dos milagros”; y que se amplían en sus contenidos: los “dos primos” de “Bebé y el Señor Don Pomposo”; las “dos muñecas” de “La muñeca negra” o las “dos niñas” de “Los zapaticos de rosa”. Opciones que “van mucho más allá del maniqueísmo de bueno-malo, pues […] lo que predominan son los matices y no los contras­tes excluyentes”. ¡Qué manera de explicar cómo quería Martí educar a sus lectores en un pensamiento comparativo, dialéctico y flexible ante la vida!

     En el año 2012 sale el imprescindible: Un proyecto martiano esencial: La Edad de Oro, como “un balance de lo hecho hasta ahora” donde Salvador muestra una vez más su inmensa capacidad de volver a decir con palabras nuevas, o añadir siempre, o regresar a un tema para desdoblarlo en nuevos e interesantísimos detalles. ¿Cuántos sabían que Martí tenía pensado crear una empresa editorial propia? ¿Alguien conocía los detalles familiares de los Da Costa Gómez a quienes debemos lo que de La Edad de Oro se publicó y lo que se dejó de publicar? Con una introducción de repaso y síntesis, y espléndi­dos ensayos dedicados al pórtico americanista los “Tres héroes”, al romancero popular en “Los dos príncipes”, la universalidad y mo­dernidad de “La Exposición de París”, el modernismo en “Los dos ruiseñores” y los cuentos de La Edad de Oro esta entrega concluye con un “Breve recuento ante un nuevo siglo” donde el autor, después de haber hecho gala de su profundo conocimiento del tema en una obra madura y contundente, convoca amablemente “a nuevos y amorosos acercamientos a la revista de José Martí”.

     Salvador Arias se adentró en las complejidades de La Edad de Oro, reveló sus códigos y los expuso a todos en textos claros y profundos, con academicismo y rigor, o con didactismo y toques de simpática cubanía. A quienes veían a La Edad de Oro como algo menor en la vastedad de la obra martiana enseñó que en esta, la obra toda de Martí está volcada en temas, reflexiones e ideas, y “a través de los textos de La Edad de Oro podemos incursionar en las entretelas del pensamiento y el existir martianos”. Abrió de par en par las puertas de una escuela nueva donde solo demandaba como requisitos de entrada que el alumno pusiera en juego “su capacidad creativa, su inteligencia y su sensibilidad” y desterrara los “procedimientos rutinarios, esquemáticos, burocráticos, aburridos”. Por esas puertas, muchos entramos un día, llenos de ilusiones, y él nos dio la mano al pasar. Hoy, a manera de hijos agradecidos, nos toca pararnos en el umbral a acoger a otros y trabajar por la continuidad de sus en­señanzas. Salvador Arias, compañero de todos, escritor comprometido, martiano genuino de mente y corazón, bajo sus lecciones La Edad de Oro se hizo más cercana a sus destinatarios de Cuba y de Hispanoamérica. Gracias a su espléndida obra, la empresa que salió del alma de Martí para que fuera durable y útil, ganó un nue­vo y más amplio horizonte en su misión educativa y redentora.

Alejandro Herrera Moreno[1]

Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2017, no. 40, pp. 310-312.


Nota:

[1] Vicepresidente de la Fundación Cultural Enrique Loynaz e investigador de su Sección Martiana, Santo Domingo, República Dominicana.