Por encima de la gestión autonomista,[2] que en su primera etapa sirvió para acrecer la cultura política del país, quedaba vibrando la protesta de Mangos de Baraguá. · Ese gesto, fundado en la fuerza poética del imposible,[3] no pudo encarnar en la Guerra cariñosamente llamada Chiquita, débil hijuela de la Grande, pero, sí en la palabra paridora de actos de José Martí. El imposible volvía a surgir de las cenizas aparentes, Guáimaro resucita otro 10 de abril en el Partido Revolucionario Cubano, pero esta vez con toda la elocuencia nutrida de mayor doctrina, con toda la civilidad inseparable del rayo justiciero, fundidos en la voz del Delegado; y con más amplia y profunda base de pueblo apretada en la flor y vanguardia de la emigración. Los hilos incandescentes del “Capitán Araña” tejen en sombras el sol y la nieve, la Isla y el destierro; el tejido es roto por traición en La Fernandina, pero ya la hoguera no puede esperar. Los “giros aceptados’” del telegrama de Juan Gualberto son los· giros, los tropos de la poesía de la patria: la Revolución, fundada siempre en el imposible, respaldada por el Nuevo Testamento de América (justicia del amor, no de la ira como en el Antiguo Testamento bolivariano) que es el Manifiesto de Montecristi. De Playitas[4] a Dos Ríos la Isla es invadida por el amor, como después, de Baraguá a Mantua, va a ser invadida por el fuego. En Dos Ríos se vierte la sangre mítica, entra en la tierra la semilla de Cuba. La última carta a Mercado revela el sentido de la historia contemporánea de América y el mundo, la guerra contra el imperio más obtuso que ha conocido la historia. Es una Carta profética para el Tercer Mundo y quizás también toda su obra para el Tercer Tiempo que viene vislumbrándose desde Joaquín de Fiore[5] hasta Teilhard de Chardin.[6] Entre tanto, asombro militar del siglo, la invasión en remolinos de furia poseyendo la Isla en Mal Tiempo, Coliseo, Taironas, Ceja del Negro; entre tanto Weyler,[7] nazi también profético; entre tanto el Titán (capaz lector de Bécquer)[8] cae fulminado en Punta· Brava,[9] empezando ya el derrumbe de la República nonnata. ¡Oh muertos queridos de la centelleante trinidad! (En el trasfondo de estos años, otros muertos de imposible —Julián del Casal, Juana Borrero, Carlos Pío Uhrbach,[10]— nos miran desesperados desde el polvo). Queda Gómez enseñando el americano arte de las guerrillas, en La Reforma; queda García retumbando el cañón en Tunas y en Guisa. Pero, ay, ya viene por la mar amarga el siniestro acorazado, caballo de Troya, cuya explosión arrojará en nuestras playas a los usurpadores, para que se cumplan las profecías; y el ejército de los “pobres de la tierra”, el asombroso ejército de los libertadores, sin otro Baraguá, increíblemente se disuelve; y el primero de enero de 1899 un bárbaro se sienta en la silla de ébano real de José Martí. Pero no se olvide que, con él, habíamos aceptado para siempre los “giros”, los imperiosos tropos de la historia y de la poesía: la Revolución.
Octubre de 1968.
Tomado de Obras 11. Estudios y ensayos, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2014, pp. 173-174.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] En la revista Cuba (La Habana, octubre de 1968, núm. especial, no. 78, pp. 36-37), donde se publicó por primera vez aparece sin título, al igual que el texto de Eliseo Diego publicado en este mismo número.
[2] Véase Partido Liberal Autonomista.
[3] Se conservan las cursivas de la edición primera.
[4] La noche del 11 de abril de 1895, en medio de un torrencial aguacero, en un bote de remos bajado del vapor alemán Nordstrand, en el cual habían partido de Cabo Haitiano el día anterior, junto a Martí llegan a Cuba, el mayor general Máximo Gómez Báez (1836-1905), el general Francisco Borrero Lavadí, Paquito (1846-1895), el coronel Ángel Guerra Porro (1842-1896), César Salas Zamora (1868-1897), y el dominicano Marcos del Rosario Mendoza (1864-1947). Desembarcaron en La Playita, punto de la costa sur cercano a Cajobabo, en el municipio de Baracoa, en la región más oriental de Cuba. [TEC, p. 82. (Nota modificada ligeramente por el E. del sitio web)].
[5] Joaquín de Fiore (1135-1202).
[6] Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955).
[7] Valeriano Weyler y Nicolau, marqués de Tenerife (1838-1930). Véase Emilio Roig de Leuchsenring: Weyler en Cuba: un precursor de la barbarie fascista, La Habana, Editorial Páginas, 1947; y Francisco Pérez Guzmán: Herida profunda, La Habana, Ediciones Unión, 1998; Editora Historia, 2018. Sobre la reconcentración (1896-1898) de Weyler.
[8] “El concepto mismo de ‘héroe’ es romántico. Por eso no nos extraña que Heredia fuera el primer romántico y el primer poeta conspirador que tuvimos, ni que Martí admirador también de Hugo dijera que fueron los versos de Heredia los primeros que le inspiraron la pasión por la libertad. Bécquer soñaba para sí la tumba del guerrero, no la del poeta: ‘Yo hubiera querido ser un rayo de la guerra’. Y cuando a Maceo, rayo de nuestras guerras, que se sabía las Rimas de memoria, le preguntaron cuál era su poeta preferido contestó sorpresivamente: ‘Bécquer’”. [Fina García Marruz: “Bécquer o la leve bruma” (1971), Hablar de la poesía, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1986, pp. 37-38].
[9] El Mayor General Antonio Maceo Grajales murió en el combate de San Pedro, cerca del poblado de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896. A su lado cayó combatiendo heroicamente su ahijado y capitán Panchito Gómez Toro. Véase José Miguel Márquez Fariñas y Ana María Reyes Sánchez: “Antonio Maceo: incógnitas sobre su muerte”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, quinta época, año 111, La Habana, enero-junio de 2020, pp. 99-111.
[10] Carlos Pío Uhrbach (1872-1897). Véase Fina García Marruz: “Carlos Pío Uhrbach”, en Juana Borrero: Poesías, ensayo introductorio y compilación de FGM, La Habana, Instituto de Literatura y Lingüística, 1966, pp. 38-50; José Antonio Portuondo: “Apuntes sobre los Uhrbach”, Revista de la Universidad de La Habana, La Habana, diciembre de 1952, no. 100-103, pp. 39-72; y Salvador Arias: “La revista Gris y Azul y los hermanos Uhrbach y Juana Borrero”, Revista Universidad de la Habana, La Habana, 1997.

