“guerra sin odio”    “En pueblos, solo edifican los que perdonan y aman. Se ha de amar al adversario mismo a quien se está derribando en tierra. Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye”. (JM: “Cartas de Nueva York. Francia.—Père Divorce”, La Opinión Nacional, Caracas, 1o de junio de 1882, OCEC, t. 11, p. 219).

     “Unos ven para ahora, y son los más, y cuya vista alcanza menos. Otros ven para ahora y para quienes lo presente no es más que la manera de ir al porvenir. Estos que ven para hoy y para mañana, estos que ven lo que está debajo y oyen lo que no se dice; estos que no tienen en su sangre generosa espacio para el odio, y si abaten en guerra a un adversario, se apean de su montura, con riesgo de la vida, a restañar la sangre a que han abierto paso; estos que no guerrean para desolar, sino para fundar; para encender, sino para redimir; para excluir, sino para incluir; para aterrar, sino para juntar; estos son los únicos que merecen aspirar al triunfo en un pueblo cansado de odio”. (JM: “Carta al Director de El Avisador Cubano, Nueva York, 6 de julio de 1885, OCEC, t. 22, p. 324).

     “¡Y en un día se irguieron, sin más mando ni voz que los de su espíritu unificado! Unos hoy, y otros enseguida, y otros a la vez, disputándose todos la primacía del entusiasmo, proclaman, con aquel fuego que solo arde cuando se va a vencer, su determinación de ir, detrás de la persona de la libertad, a la guerra sin odio por donde se ha de conseguir la república laboriosa y justiciera; proclaman, ante el pabellón que cobija en sus pliegues al maestro de la idea y al héroe de la batalla, su poder de fundir la voluntad y el corazón en el empeño de poner en la vida cuanto aspira en vano en ella a la paz, al decoro y al trabajo. No con el ceño del conquistador proclama la guerra, sino con los brazos abiertos para sus hermanos. Así, de la obra de doce años callada e incesante, salió, saneado por las pruebas, el Partido Revolucionario Cubano. (JM: “El Partido Revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 3 de abril de 1892, no. 4, p. 1; OC, t. 1, p. 368).

     “Contar una de las nobles fiestas,—fiestas de guerra sin odio y de república sin injusticia—es, en esta época de fuego fraternal, contar las fiestas todas […]”. (JM: “La proclamación de las elecciones del Partido Revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 22 de abril de 1893, no. 58, p. 2; OC, t. 2, p. 306).

     “La religión subsiste, a pesar de los que so pretexto de mantenerla, acarrean sobre ella los mayores conflictos. El hombre es eminentemente religioso. / La capacidad de amar es el verdadero pergamino de nobleza de los hombres. Rey es el que ama mucho: solo los que aman bien,—duques, marqueses, condes:—y los que no aman, gente de horca y pechos fuera de toda lista de nobleza. Por Dios que esta es guerra legítima,—la última acaso esencial y definitiva que han de librar los hombres: la guerra contra el odio”. (JM: Fragmentos, OC, t. 22, p. 210).

     —“[…] Ni del desorden, ajeno a la moderación probada del espíritu de Cuba, será cuna la guerra; ni de la tiranía.—Los que la fomentaron, y pueden aún llevar su voz, declaran en nombre de ella ante la patria su limpieza de todo odio,—su indulgencia fraternal para con los cubanos tímidos o equivocados, su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la república,—su certidumbre de la aptitud de la guerra para ordenarse de modo que contenga la redención que la inspira, la relación en que un pueblo debe vivir con los demás, y la realidad que la guerra es,—y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al español neutral y honrado, en la guerra y después de ella, y de ser piadosa con el arrepentimiento, e inflexible solo con el vicio, el crimen y la inhumanidad.—En la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la revolución las causas del júbilo que pudiera embargar al heroísmo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos”. [JM: Manifiesto de Montecristi. El Partido Revolucionario a Cuba (25 de marzo de 1895), La Habana, Centro de Estudios Martianos y Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2008, pp. 8-9.].

     “Jamás intentos más puros movieron el brazo de los hombres, ni se hizo nunca guerra que reúna en igual grado, a la voluntad inquebrantable de vencer, la ausencia completa de odio”. (JM: “Circular”, [Cerca de Guantánamo] 26 de abril de 1895, EJM, t. V, p. 173. Todas las cursivas son del E. del sitio web).

     Ezequiel Martínez Estrada y José Lezama Lima, a propósito, afirman: “Va depurándose de cuanto pudo haber de agresivo en su prédica y en su tarea de organizar una guerra sin cuartel, una guerra santa con amor y sin odio. Pues nunca tuvo odio Martí. No parece que milita con los soldados, sino que va con ellos como el ángel de la guarda. No es uno más de ellos, sino otro que los acompaña, los guía, los aconseja y los asiste”. (Martí revolucionario, prólogo de Roberto Fernández Retamar, La Habana, Casa de las Américas, 1967, t. I, p. 224).

     “No fue ciertamente un hombre para vivir atribulándose hasta los 70, ni para fallecer en un catre o hamaca, sino, paradójicamente, para atacar con un arma que no dispara, y cabalgar hacia un enemigo que ama más que aborrece, que desea más redimir que derribar”. (Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Entrevistas con José Lezama Lima, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1998, p. 18).

     Véanse los ensayos de Fina García Marruz: “La fuerza divisora del odio: consecuencias históricas”, “Amor y fundación” y “La guerra sin odios”, El amor como energía revolucionaria en José Martí (1973-1974), Albur, órgano de los estudiantes del Instituto Superior de Arte, núm. especial, La Habana, mayo de 1992, pp. 119-130, 130-138 y 139-145, respectivamente.