EN NIQUINOHOMO
Aquí nació Sandino,[1] en Niquinohomo.
Estrechos los senderos campesinos
que nos llevan a la casa del héroe guerrillero.
En la pared desnuda la increíble proclama
que parece un poema, en que declara
su voluntad de resistir, con unos pocos hombres,
la ignominia extranjera: que se sepa, allí dijo,
que en un lugar apartado de las estribaciones andinas
había un hombre, seguido de unos pocos,
decidido a luchar y morir por su país.
Aquí está lo que veía, mientras pensaba
en lo que no se veía: su sillón quedó aquí
del lado de la tierra: todo el resto traspasó las paredes,
se extendió, con la bruma cansada de las albas,
por el país humillado. Y habrá de llegar a los países humillados
de América. ¿Por qué allí, no en otra parte, fue el milagro?
¿Por qué aquel hombre, tan parecido a cualquier otro del pueblo?
¿Por qué él, solo él, sintió el llamado?
Escruto el retrato de los padres: se siente
que vino de algo más. La casa de Sandino me recuerda
otra vez a Chocoyos. Chocoyos, más humilde
todavía que Metapa.[2] Chocoyos, hoyo para la raíz. Niquinohomo,
nombre que parece que tiene, en sus primeras sílabas,
algo también del “mínimo y dulce” que no temió a los lobos,
y en las finales, la huella de aquel que fue una vez
presentado con las manos maniatadas al pueblo,
y tales huellas de amor y sufrimiento en el rostro
que solo de él se dijo: “He aquí al hombre”, “Ecce homo”.
Tomado de Viaje a Nicaragua (1987), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, p. 30.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Augusto César Sandino (1895-1934).
[2] Véase Fina García Marruz: “En Metapa”, Viaje a Nicaragua (1987), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, p. 29.

