NUESTRA AMÉRICA

...continuación

     Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo vinimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen[31] salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer[32] alzan en México la república, en hombros de los indios. Un canónigo español,[33] a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España.[34] Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas.[35] Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso, que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota-de-potro, o los redentores bibliógenos[36] no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella,—entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente, descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón:—la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores.[37] El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere, echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república;[38] y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros,—de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen,[39] —por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina.[40] Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.

     Pero “estos países se salvarán”,[41] como anunció Rivadavia[42] el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos: al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con el lanzón, se puede echar al lanzón atrás, porque se enoja, y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide[43] “a que le hagan emperador al rubio”. Estos países se salvarán, porque, con el genio de la moderación[44] que parece imperar, por la armonía serena de la naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio[45] en que se empapó la generación anterior,—le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.[46]

     Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.[47] Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norte-América y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga,—en desestancar al indio,[48] —en ir haciendo lado al negro suficiente,—en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor,[49] y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego del triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio,[51] y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil,—de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte,—se empieza, como sin saberlo, a probar el amor.[52] Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” Se preguntan, y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución en Dantzig.[53] Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino![54] Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos, y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se entra por la hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices, y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando, por las venas la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas, estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores, comienzan a ser sobrios. Los dramaturgos, traen los caracteres nativos a la escena. Las academias, discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillezca,[55] y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado.[56] La prosa, centelleante y cernida, va cargada de ideas. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.

     De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento, y de cochero a una bomba de jabón: el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano, y abre la puerta al extranjero.[57]   Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña.[58] Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y solo aman, a los pueblos viriles;—como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista, y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana, aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; —como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril, o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América,—el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada solo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas,—y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable que no la conoce es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre, y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele, y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

     No hay odio de razas, porque no hay razas.[59] Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería,[60] que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la humanidad, el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras, ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas: ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno,—y la unión tácita y urgente del alma continental.[61] ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación real[62] lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí,[63] por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

José Martí

 

[La Revista Ilustrada de Nueva York y El Partido Liberal, de México, 1ro y 30 de enero de 1891, respectivamente].

Tomado de José Martí: Nuestra América. Edición crítica, prólogo y notas de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2006, pp. 35-51.

  • Textos valorativos relacionados con la proyección nuestramericanista del pensamiento político de José Martí que sugerimos consultar y que, sucesivamente, aparecerán en Martí, el Maestro.

Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[32] “Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer”: En “Tres héroes”, en La Edad de Oro (no. 1, julio de 1889), Martí había escrito: “Eran unos cuantos jóvenes valientes, el esposo de una mujer liberal, y un cura de pueblo que quería mucho a los indios”. (La Edad de Oro. Edición facsimilar, ob. cit., p. 4). En ambos casos alude al cura Hidalgo, a oficiales sublevados con él —como Abasolo, Allende y Aldama— y a la esposa del corregidor de Qúerétaro, Manuel Domínguez, la heroína Josefa Ortiz, a la que Martí proyectaba incluir en un estudio sobre las “Mujeres de América”. (Véase OC, t. 22, p. 158).

[33]  “un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa”: Probablemente se refiere (aunque no fue español, sino criollo) al canónigo Antonio José de las Mercedes Larrazábal (1769-1853), profesor de la Universidad de San Carlos, electo representante de Guatemala en las Cortes de Cádiz que proclamaron la Constitución liberal de 1812. En 1815 el gobernador José Bustamante y Guerra, por orden del rey, “mandó al Ayuntamiento que recogiera las Instrucciones dadas al diputado a las Cortes de Cádiz de 1812, canónigo Larrazábal, porque se inspiraban”, decía, “en las proposiciones de la Asamblea Nacional de Francia”. (Véase Manuel Galich: Guatemala, Casa de las Américas, La Habana, 1968, p. 64). Otro canónigo —Juan Nepomuceno de San Juan— fue enviado a España por la capitanía de Guatemala al restaurarse la Constitución de Cádiz en 1820, año en que se decretó la libertad de imprenta y empezó a publicarse El Editor Constitucional, dirigido por el doctor Pedro Molina, sin duda uno de aquellos “bachilleres magníficos” aludidos en el texto, que figura como personaje en el “borrador dramático” Patria y libertad, escrito por Martí en Guatemala, en abril de 1877, para conmemorar la independencia de ese país. (Véase OCEC, t. 5, pp. 109-135).

[34] “contra España al general de España”: Se refiere al capitán general de Guatemala, don Gabino Gaínza, convertido en jefe del nuevo gobierno de Centro América, separada de la corona española, por decisión de la Asamblea convocada el 15 de septiembre de 1821.

[35] “uno, que no fue al menos grande, volvió riendas”: Alude al general San Martín y al desenlace de su entrevista con Bolívar en Guayaquil (26-27 de julio de 1822). En “Tres héroes” había escrito Martí: “Liberta a Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar al Perú. Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria. Se fue a Europa triste, y murió en brazos de su hija Mercedes”. (La Edad de Oro. Edición facsimilar, ob. cit., p. 6). (Véase “San Martín”, Álbum de El Porvenir, Nueva York, 1891, OC, t. 8, pp. 225-233).

[36] “bibliógenos”: neologismo por “nacidos o hijos de los libros”.

[37]      “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”: Diez años antes, en el “Cuaderno de Apuntes 6” (1881), se halla un antecedente de este pensamiento central de Nuestra América. Es el apunte que dice: “En América, la revolución está en su período de iniciación.—Hay que cumplirlo. Se ha hecho la revolución intelectual de la clase alta: helo aquí todo. Y de esto han venido más males que bienes”. (OC, t. 21, p. 178).

[38] “Ahora por nuestra América imperan dos modas, igualmente dañinas, una de las cuales es presentar como la casa de las maravillas y la flor del mundo a estos Estados Unidos, que no lo son para quien sabe ver; y otra propalar la justicia y conveniencia de la preponderancia del espíritu español en los países hispanoamericanos, que en eso mismo están probando precisamente que no han dejado aún de ser colonias”. [JM: “¿A los Estados Unidos?” (julio 1888), La Doctrina de Martí, New York, 15 de agosto de 1897, OCEC, t. 29, p. 126].

“Nuestro triste pasado se ha erguido de súbito, para lanzarnos al rostro que en vano hemos pugnado, nos hemos esforzado y sangrado tanto. La generación de cubanos que nos precedieron y que tan grandes fueron en la hora del sacrificio, podrá mirarnos con asombro y lástima, y preguntarse estupefacta si este es el resultado de su obra, de la obra en que puso su corazón y su vida. El monstruo que pensaba haber domeñado resucita. La sierpe de la fábula vuelve a unir los fragmentos monstruosos que los tajos del héroe habían separado. Cuba republicana parece hermana gemela de Cuba colonial”. (Enrique José Varona: “Discurso en la Academia Nacional de Artes y Letras”, La Habana, 11 de enero de 1915, en Enrique José Varona. Su pensamiento representativo, 2da edic., La Habana, Editorial Lex, 1949, selección e introducción de Medardo Vitier, pp. 220-221). (N. del E. del sitio web).

[39] “la raza aborigen”: Preferimos aquí la lección de OC, t. 6, p. 19, aunque en La Revista Ilustrada de Nueva York y en El Partido Liberal se lee “aborigene”.

[40] En su estudio “La Edad de Oro, culturas de paz y el tuétano de Martí también para niños” (Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2019, no. 42, p. 121), Osmar Sánchez Aguilera señala que, “empleado en el ensayo de 1891 como emblema de acechanza, de oportunismo, de peligro inadvertido, el tigre ya aparece con esa misma valencia semántica, aunque con menos matizaciones, en “Un paseo por la tierra de los anamitas” […]: “viene como amigo, vestido de paloma, y en cuanto se ve en el país se quita las plumas; y se le ve como es, tigre ladrón”. (La Edad de Oro. Edición facsimilar, ensayo y notas de Maia Barreda Sánchez, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Ediciones Boloña, 2013, p. 104). (N. del E. del sitio web).

[41] “Rivadavia, el de la corbata siempre blanca, dijo que estos países se salvarían: y estos países se han salvado”. (“Madre América”, ob. cit., p. 139). También en una carta a Ulpiano Dellundé, fechada en Montecristi, el 20 marzo [de 1895], Martí vuelve a ratificar que, “Rivadavia, el argentino, tenía razón: ‘Estos pueblos se salvarán’”. [EJM, t. V, p. 113. (N. del E. del sitio web)].

[42]  “como anunció Rivadavia”: Bernardino Rivadavia (1780-1845), político y prócer argentino, primer presidente de su país (1826-1827), bajo cuyo mandato se promulgó la Constitución unitaria, rechazada por las provincias. Perseguido por Rosas, se expatrió en Uruguay y más tarde en Cádiz, donde murió. No obstante, sus errores, “es una de las más altas figuras civiles” de la Argentina. De él dijo Bartolomé Mitre: “adelantándose a su tiempo, enseñó que el hombre, libre por su naturaleza, no es el siervo perpetuo de la gleba, ni el feudatario de otros hombres constituidos en autoridad”. (UTEHA)

[43] “en la puerta del Congreso de Iturbide”: Agustín de Iturbide (1783-1824). Emperador de México, nacido en Valladolid, actual Morelia. Ascendió en la carrera militar peleando contra los insurgentes mientras gozaba de la confianza del Virrey Apodaca. Después de varios reveses sufridos frente al general Guerrero, intentó manipular el movimiento independentista y formuló el llamado Plan de Iguala. Consumada la independencia de México, el 18 de mayo de 1822 el sargento Pío Marcha lo proclamó emperador, acto que tuvo que ser ratificado por el Congreso a los dos días, y al cual alude el texto. Coronado el 21 de julio siguiente, la pugna con el Congreso y la oposición republicana encabezada por Santa Anna lo llevaron a abdicar el 20 de marzo de 1823. Fue condenado a muerte por el Congreso mientras estaba en Europa, y al regresar a México dicha sentencia se hizo efectiva, en Padilla, el 19 de julio de 1824. (Véase El Plan de Iguala, en Jesús Silva Herzog: De la historia de México, 1810-1938, Siglo XXI, 1980, pp. 26-27)

[44]  “el genio de la moderación”: En el ensayo “Relación del sentido de moderación y la capacidad de sacrificio. La ley de equilibrio” contenido en El amor como energía revolucionaria en José Martí (1973-1974) [Albur, órgano de los estudiantes del ISA, a. 4, La Habana, mayo de 1992, pp. 109-119 (existen dos ediciones más del Centro de Estudios Martianos en el 2003 y 2004, más otra en preparación, revisada y corregida)], Fina García Marruz ha observado la relación que establece Martí entre el heroísmo y la moderación dentro de la dinámica más profunda de “la capacidad de sacrificio”. La consideró virtud vinculada con “la armonía serena de la naturaleza”, distintiva de los mejores hombres de “nuestra América”, cuyo paradigma poético lo encontró en Heredia: “volcánico como sus entrañas, y sereno como sus alturas”. (“Heredia”, El Avisador Cubano, Nueva York, 4 de julio de 1888 OCEC, t. 29, p. 123). Tan elogiosa como esperanzadamente se refirió varias veces al “heroísmo juicioso de las Antillas” y a “la moderación probada del espíritu de Cuba”, expresiones consagradas en el Manifiesto de Montecristi. [Manifiesto de Montecristi. El Partido Revolucionario a Cuba (Montecristi, 25 de marzo de 1895), La Habana, Centro de Estudios Martianos y Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2008, pp. 15 y 8, respectivamente].

[45]  “la lectura de tanteo y falansterio”: Con esta alusión a los “falansterios” ideados por Charles Fourier (1722-1837), lugares donde debían habitar cada una de las falanges en que dividía la sociedad, Martí resume toda una corriente de utopismo social típica de la primera mitad del siglo XIX.

[46]  “en estos tiempos reales, el hombre real”: En contraste con lo apuntado en la nota anterior, se destaca en este pasaje el característico uso martiano del adjetivo “real”, concentrador de todo lo verdadero, auténtico, desnudo, original y, por tanto, en última instancia, creador.

[47] En un texto escrito en francés para alguna publicación norteamericana de la época, poco después de su regreso de Venezuela, en agosto de 1881, a Nueva York, Martí resumía magistralmente la imagen de nuestro continente: —“Estos pueblos tienen una cabeza de gigante y un corazón de héroe en un cuerpo de hormiga loca”. [“Un viaje a Venezuela” (traducción), OCEC, t. 13, p. 138. (N. del E. del sitio web)].

[48] “[…] ya llegó la hora tranquila de enseñar con amor, la lengua en que ha de invitar a vivir al hombre estancado, al indio […]”. [JM: “Un viaje a México”, La Nación, Buenos Aires, 1ro. de junio de 1889, OCEC, t. 32, p. 69. (N. del E. del sitio web)].

[49]  “Nos quedó el oidor”: Quiere decir que la judicatura, en los países ya liberados de España, siguió la misma tradición formalista, retórica y burocrática de los “oidores” o ministros togados que en las audiencias del reino español oían y sentenciaban las causas y pleitos.

[50]  “el prebendado”: Puede referirse, en el campo eclesiástico, a los canónigos oracioneros beneficiados con rentas; o, en términos generales, a todo tipo de parásitos sociales.

[51] “Se probó el odio”: La prédica martiana contra el odio, patente y constante desde El presidio político en Cuba hasta el Manifiesto de Montecristi, no tiene un sentido únicamente ético sino también político. En realidad, ambas instancias en Martí son indiscernibles. Por el lado
político, sin embargo, se destacan sentencias o reflexiones como estas: “Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye” (“Cartas de Nueva York. Francia.—Père Divorce”, La Opinión Nacional, Caracas, 1o de junio de 1882, OCEC, t. 11, p. 219); “por Dios que esta es guerra legítima,—la última acaso, esencial y definitiva, que han de librar los hombres: la guerra contra el odio”. (OC, t. 22, p. 210)

[52] “se empieza como sin saberlo, a probar el amor”: El concepto martiano del amor no es únicamente afectivo sino también cognoscitivo. De ahí su memorable declaración: “Por el amor se ve. El amor es quien ve. Espíritu sin amor, no puede ver”. (OC, t. 21, p. 419). En “Amor y fundación” (El amor como energía revolucionaria en José Martí, ob. cit., pp. 130-138), se estudia ampliamente esta concepción esencial en el pensamiento revolucionario martiano.

[53] Nombre alemán de la ciudad polaca de Gdansk. El 9 de septiembre de 1881 tuvo lugar la entrevista del zar Alejandro iii y el káiser Guillermo i, que Martí califica de “suceso de magna trascendencia, realizado con brevedad mágica y ostentosa pompa”, para jurar, “estrechándose cordialmente sus dos manos de hierro, odio eterno a los pueblos”. [JM: “Cartas de Nueva York. Entrevista del zar y el káiser”, La Opinión Nacional, Caracas, 5 de octubre de 1881, OCEC, t. 10, pp. 63-64. (N. del E. del sitio web)].

[54] Véase Manuel Isidro Méndez: “El vino, de plátano” (1953), Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, número antológico, quinta época, año 112, La Habana, 2021, t. I, pp. 54-55. (N. del E. del sitio web).

[55]  “la melena zorrillezca”: Alusión metafórica al romanticismo retórico de José Zorrilla (1817-1893), autor al cual Martí había dedicado líneas de afectuosa simpatía en “Modern Spanish Poets”, crónica aparecida en The Sun, Nueva York, 26 de noviembre de 1880. (“Poetas españoles contemporáneos” (traducción), OCEC, t. 7, pp. 340, 345 y 350).

[56]  “cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado”: Alusión al célebre chaleco (“gilet flamboyant”: chaleco llameante, según la descripción de Víctor Hugo) con que participó Théophile Gautier (1811-1872) en la llamada “batalla de Hernani” (1830), cuyo estreno simbolizó el triunfo del romanticismo en Francia. Entre ambos ejemplos —Zorrilla, Hugo— hay un tácito juicio de valor: mientras “la melena zorrillezca” debe ser “cortada”, “el chaleco colorado” es ya historia, pero historia perdurable, pues la poesía lo “cuelga del árbol glorioso”, del árbol que da la fama artística, del laurel.

[57] “Así mueren los pueblos, como los hombres, cuando por bajeza o brutalidad prefieren los goces violentos del dinero a los objetos más fáciles y nobles de la vida: el lujo pudre”. [JM: “Un día en Nueva York”, La Nación, Buenos Aires, 22 de noviembre de 1888, OCEC, t. 30, p. 56. (N. del E. del sitio web)].

[58]  “un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña”: El elemento de “desdén” en la actitud de los Estados Unidos hacia los pueblos de “nuestra América” fue claramente captado por Martí. Varias veces aludió a él, pero nunca, por necesaria cautela política (porque “en silencio ha tenido que ser”), de modo tan crudo como en su última carta a Manuel A. Mercado: cuando se refiere a las gestiones anexionistas e imperialistas del “Norte revuelto y brutal q. los desprecia” (a nuestros pueblos). (TEC, p. 73). Pocas líneas después, en el texto, concluirá categóricamente: “El desdén del vecino formidable que no la conoce es el peligro mayor de nuestra América”. Cierto que, agotando las previsiones de la buena voluntad, supone que el desdén puede ser efecto del desconocimiento, pero en el fondo sospecha —y en la carta a Mercado se trasluce con evidencia— que el desdén es la causa, del desconocimiento. Por eso dice que es ese “desdén” o “desprecio”— “el peligro mayor”.

[59] “No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y forma que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva”. [JM: “La verdad sobre los Estados Unidos”, Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894, no. 104, pp. 1-2. (OC, t. 28, p. 290. (N. del E. del sitio web)].

[60]  “las razas de librería”: Martí negó siempre el concepto divisor y discriminador de “raza”, tan manejado, con mayor o menor ingenuidad, por el cientificismo positivista de su tiempo. En el polo opuesto de su pensamiento sobre este punto —diáfanamente expresado también en “‘Mi raza’” y otros textos— se sitúa el libro de Sarmiento Conflictos y armonías de las razas en América (1833). (Véase Fernando Ortiz: “Martí y las razas”, Vida y pensamiento de Martí, vol. II, Municipio de La Habana, 1942, pp. 335-367).

[61] “la unión tácita y urgente del alma continental”: Nótese que dice la unión “tácita”, y no de las naciones, sino del “alma continental”, lo que excluye la idea de una unión o federación política de los países de “nuestra América”, proyecto erróneo en el que, no obstante su reconocida y exaltada grandeza de Libertador, cayó Bolívar, “empeñado en unir bajo un gobierno central y distante los países de la revolución”, en “desacuerdo patente” con “la misma revolución americana, nacida, con múltiples cabezas, del ansia del gobierno local y con la gente de la casa propia”, según se lee en el discurso en honor de Simón Bolívar del 28 de octubre de 1893, donde insiste en que lo deseable era “la unidad de espíritu”, no la “unión en formas teóricas y artificiales”, y de nuevo apela a “la fuerza moderadora del alma popular”. (De la historia a las letras: Bolívar por Martí. Antología crítica, introducción, selección y notas de Lourdes Ocampo Andina, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Ediciones Boloña, 2012, p. 111).

[62] “la generación real”: Así en La Revista Ilustrada de Nueva York, donde por primera vez apareció Nuestra América el 1ro de enero de 1891. En El Partido Liberal (México, 30 de enero de 1891), única fuente declarada en las Obras completas, después de “generación” no hay ningún adjetivo, seguramente por errata, lo que indica que la palabra, “actual” se añadió desde la primera edición de Obras completas de Martí por Gonzalo de Quesada y Aróstegui (vol. IX, Nuestra América, Imp. y Papelería de Rambla y Bouza, 1910) y se reprodujo en las siguientes. Cabe la posibilidad (hoy inverificable) de que dicho primer editor conociera la enmienda escrita o indicada verbalmente por Martí. (Sobre el uso martiano del adjetivo “real”, véase la nota 46).

[63]  “regó el Gran Semí […] la semilla de la América nueva!”: En su artículo “Maestros ambulantes” (La América, Nueva York, mayo de 1884) había escrito Martí: “Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos luego por valles, montes y rincones; como cuentan los indios del Amazonas que para crear a los hombres y a las mujeres, regó por toda la tierra las semillas de la palma moriche el Padre Amalivaca!” (OCEC, t. 19, p. 188). La imagen del Gran Semí (o Grande Espíritu) procede sin duda de la figuración mítica del Padre Amalivaca, propia de los indios tamanacos, sobre el cual da preciosas informaciones, seguramente conocidas por Martí, su amigo venezolano Arístides Rojas en Estudios indígenas (1878). Allí leemos —en relato a su vez extractado por Rojas del Saggio di storia americana (Roma, 1780-1784) del abate Filippo Salvatore Gilii— que, una vez aplacado el diluvio que destruyó la primera raza humana, los dos únicos sobrevivientes, Amalivaca y su mujer, “comenzaron a arrojar, por sobre sus cabezas y hacia atrás, los frutos de la palma moriche, y que de las semillas de estas salieron los hombres y mujeres que actualmente pueblan la tierra”. Otro aspecto del mito que debió impresionar a Martí es que Amalivaca les fracturó las piernas a sus hijas “para imposibilitarlas en sus deseos de viajar y poder de esta manera poblar la tierra de los tamanacos”, señalando así a los indígenas el camino de la fidelidad a lo propio, de la autoctonía, que es para Martí el camino fundamental de América. Por otra parte —y esto nos remite de nuevo a la polémica tácita con Sarmiento— Humboldt consideró al Gran Semí evocador de Amalivaca como “el personaje mitológico de la América bárbara”. (Véase “Una fuente venezolana de José Martí”, ob. cit., pp. 81-108). Todo el texto de Nuestra América puede leerse a la luz del criterio profundamente descolonizador según el cual, para Martí, en la praxis histórica, barbarie “es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea”, según se lee en “Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos” (La América, Nueva York, junio de 1884, OCEC, t. 19, p. 227).

[64] Nótese la similitud temática con el siguiente pasaje martiano: “Hoy se habla en América la lengua concreta donde encaja la idea como el acero en el tahalí, y el pensamiento criollo impera y resplandece. Ya nuestra América se busca, y no hay pueblo que no tenga sus hombres de raíz, que procuran el remedio de los males en el conocimiento de ellos, y tienen fe en el asiento visible de las mezclas americanas. Con vehemente simpatía se unen, como si fueran de un solo pueblo, todas estas almas superiores, y está al proclamarse el credo independiente de la América nueva”. [JM: “La Casa Editorial Hispano-Americana”, Patria, 22 de septiembre de 1894, no. 130, p. 3; OC, t. 5, p. 440. (N. del E. del sitio web)].

[65] Después de publicada “Nuestra América”, Martí le escribe, el 12 de enero de 1891, a su amigo panameño Elías de Losada, director de La Revista Ilustrada de Nueva York, respondiendo una elogiosa epístola suya: “¿Le diré que he visto con orgullo ese número hermosísimo de La Revista, donde, —fuera de lo mío, que está allí tan a la vergüenza pública,—todo rebosa arte exquisito y espíritu nuevo?” (EJM, t. II, p. 246). Véase Ivan A. Schulman: “José Martí y La Revista Ilustrada de Nueva York”, Cuadernos Americanos, México, D.F., no. 4, vol. CLIX, julio-agosto de 1968, pp. 141-153 y “José Martí colaborador del Sun y de la Revista Ilustrada de Nueva York”, Martí, Casal y el modernismo, La Habana, Comisión de Extensión Universitaria, 1969; Ramón Becali: “La Revista Ilustrada de Nueva York”, Bohemia, La Habana, 8 de enero de 1971; y Vernon A. Chamberlin e Ivan A. Schulman: La Revista Ilustrada de Nueva York: Histoty, antology, and index of literary selections, Columbia, University of Missouri Press, 1976. (N. del E. del sitio web).