El (des)concierto de Christopher Simpson y Eduardo Corcho el pasado miércoles en la Casa Vitier García Marruz, se convirtió en otra de esas tardes memorables en las que visitantes asiduos y nuevos se marchan con la alegría reflejada en sus rostros.
Estos jóvenes multinstrumentistas interpretaron canciones de Manuel Saumell, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Fito Páez, entre otros, con los rasgueos de laúd de Corcho que quedaban flotando en el aire y en los corazones, y la versatilidad explosiva del violín de Simpson.
En el espectáculo, Simpson no solo toca con brazos y manos; sus elevaciones en el aire y sus cuclillas parecían ser parte inseparable de sus partituras improvisadas o ejecutadas de memoria. El laúd de Corcho casi siempre puso las primeras notas, como si fuese una estrategia secreta para envolver a quienes escuchan sus sonoridades intensas, que a ratos se convertían en susurros vibrantes e infinitos.
La danza fue protagonista en este encuentro, y por momentos parecía que, mediante el baile, el laúd y el violín poseyeran a los músicos, quienes no tenían más remedio que cabalgar las notas. El piano fue invitado a la fiesta y no pocos corearon las canciones junto a Corcho y Simpson. En medio de muchas incertidumbres, estos jóvenes tienen un propósito noble que cumplen a cabalidad: alegrar, alegrar vidas, y defender canciones inolvidables de la música popular cubana.
La Casa agradece a todos los amigos que llegaron a nuestra esquina y a los músicos por este encuentro inolvidable.
Christopher Simpson es un joven violinista, compositor y productor musical cubano, Premio Cubadisco 2025 en la categoría de Pop-fusión junto a la banda de pop rock alternativo Elevación. En entrevistas ha revelado que, con solo tres años, sus padres descubrieron su inclinación por la música y a los cuatro años le fue regalada su primera guitarra eléctrica. Es reconocido por su virtuosismo y explosividad, que lo convierten en un verdadero maestro del performance.
Eduardo Corcho Torres es un joven laudista, guitarrista y productor musical que va siempre acompañado de su laúd cubano. Discípulo de Efraín Amador y Doris Oropesa, maestros a quienes Cuba debe las escuelas cubanas del tres y el laúd, con su instrumento puede interpretar toda la música que se haya imaginado en el mundo. Digno ejemplo fue su adaptación al laúd de Las cuatro estaciones —obra icónica del italiano Antonio Vivaldi—, interpretada el pasado mayo de 2025 por el músico y la Orquesta de Cámara Música Eterna, bajo la dirección del maestro Guido López-Gavilán.

