A SOTERO FIGUEROA
[Nueva York, octubre de 1893]
Secretario del Cuerpo de Consejo de
New York
Mi amigo muy estimado:
Mi discurso del 10 de Octubre se sirve Vd. pedirme, en nombre del Cuerpo de Consejo, para publicarlo en Patria, y yo, levantado ya de la enfermedad pasajera, para nuevas labores, estas le mando, como discurso mejor que el ya pasado, en vez de las palabras que solo con gran violencia podría recordar ahora. Como la lava, salen del alma las palabras que en ella se crían; salen del alma con fuego y dolor. Horas después, aún chispea el discurso y resplandece, y se le puede tomar vivo, en los surcos que abrió al pasar. Días después, amigo mío, que es lo que me sucede ahora, el quehacer grande y presente, se lleva las palabras que en la hora agitada pudieron parecer bien, o sembrar idea y método, pero que luego, ante el sol, ante el alma encendida, ante la marcha firme y silenciosa de tanto leal como le queda aún a nuestro honor, no es más, amigo mío, que cáscara y pavesa.
Ni me pida, ni me dé, palabras ajenas o mías, como cosa principal. Déme hombres: déme virtud modesta y extraordinaria, que se ponga de almohada de los desdichados, y se haga vara de justicia y espuela de caballería: déme gente que sirva sin paga y sin cansancio, en el mérito y entrañas de la oscuridad, el ideal a que se acogerán luego, pedigüeños y melosos, los mismos que, en la hora de la angustia, porque el polvo del camino les mancilla la corbata, se apartan de él. Lo honrado es la brega: y no ver, con los brazos cruzados, cómo bregan otros. Nosotros encendemos el horno para que todo el mundo cueza en él pan: yo, si vivo, me pasaré la vida a la puerta del horno, impidiendo que le nieguen pan a nadie y menos, por la lección de la caridad, a quien no trajo harina para él. Pero en república, más que en nada, debía ser verdad lo del valenciano Mondragón: “el que quiera pan, que lo cave; y mientras más blanco, más hondo”.[1] Y así quedo yo; cavando, para todos.—No me pida palabras desvanecidas, las palabras del 10 de Octubre,[2] que debieron ser, y fueron sin duda, de menos pompa y apariencia que otras veces, porque la dignidad de las virtudes que de todas partes veo, y que por su naturaleza son más secretas que públicas, ponía en mí como cierto desdén de lo meramente hablado; aparte, amigo mío, de la dificultad de ahogar por prudencia ante un público ardiente, a riesgo de que tuviese al orador por mermado y enjuto, las voces de victoria que, como himno indómito, se levantaban a aquella hora tumultuosa en mi corazón. Lejos, muy lejos del tablado extranjero estaba mi pensamiento real, y mi mayor obligación: mi discurso, aquella noche, era ella misma, y el religioso concierto y obra sensata e incontrastable en que, después de una guerra desordenada en un pueblo heterogéneo, hemos logrado componer las almas. Ese era mi discurso, y mi vida: valgámonos a tiempo de toda nuestra virtud, para levantar, en el crucero del mundo,[3] una república sin despotismo y sin castas.
Queda, cavando, su
Tomado de Patria, Nueva York, 24 de octubre de 1893, no. 83, pp. 1-2; EJM, t. III, pp. 424-425.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] En su artículo “Impresiones sobre Estados Unidos de América” (I), publicado en The Hour, Nueva York, el 10 de julio de 1880, Martí hace referencia a la “sentencia de un español viejo, un robusto paisano, padre de treinta y seis hijos: ‘Solo los que cavan su pan, tienen derecho a comerlo; y cuanto más profundamente lo caven, más blanco lo comerán’”. [OCEC, t. 7, p. 136. (N. del E. del sitio web)].
[2] Discursos de Martí en conmemoración del 10 de Octubre de 1868: Masonic Temple, Nueva York, 10 de octubre de 1887 y 1888, OCEC, t. 27, pp. 13-25 y OC, t. 4, pp. 229-232; y Hardman Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1889, 1890 y 1891, OC, t. 4, pp. 235-244, 247-255 y 257-266, respectivamente.
El discurso que pronunció el 10 de Octubre de 1892 en el salón de Juan M. Rondón, en Kingston, Jamaica, no se conserva. Tampoco el de Hardman Hall, Nueva York, en 1893. En la Cronología de Ibrahim Hidalgo Paz no se recoge que en 1894, Martí haya pronunciado un discurso en conmemoración de esa fecha histórica.
[3] Véase “crucero del mundo”.

