Gustave Flaubert (1821-1880)
Novelista francés. Cursó estudios de derecho que abandonó por motivos de salud. Transcurrió la mayor parte de su vida en Croisset, junto a su familia. Decidido a ser escritor, destaca su maestría en la descripción del alma humana. “Flaubert […] fue el primer Adán de una especie nueva: la del hombre de letras como sacerdote, como asceta y casi como mártir”.[1] Entre sus obras más relevantes se encuentran Madame Bovary (1857), “libro honrado y robusto”,[2] Salambó (1862), La educación sentimental (1869), La tentación de San Antonio (1874) —especie de poema filosófico en prosa, inspirado en la contemplación de la obra del Bosco en Génova— y sus Tres cuentos. Dejó dos trabajos inconclusos, de póstuma publicación: la novela Bouvard y Pécuchet [3] (1881) y Diccionario de lugares comunes (1911). Su correspondencia literaria está reunida en cuatro volúmenes.[4]
José Martí lo consideró un “autor clásico” o “magistral”[5] y afirmaba que, “para Flaubert el estilo era como el mármol; lo pulía, lo limpiaba, lo limaba: no salía una frase de sus manos hasta que su pensamiento no hubiera ajustado precisamente en ella. Odiaba las palabras inútiles, y los adjetivos pomposos. Un sinónimo era para él un estorbo. Su frase es neta, maciza, bruñida […][6] ‘Ha de darse autoridad a la verdad por el modo perfecto de decirla’:—esto era para Flaubert un código”.[7] Véase el artículo de Alejo Carpentier: “El caso singular de Flaubert”, El Nacional, Caracas, 16 de mayo de 1956, Los pasos recobrados. Ensayos de teoría y crítica literaria, La Habana, Ediciones UNIÓN, 2007, pp. 345-346.
[Tomado de OCEC, t. 18, p. 282. (Nota modificada por el E. del sitio web)].
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] Jorge Luis Borges: “Flaubert y su destino ejemplar”, en Páginas escogidas, selección y prólogo de Roberto Fernández Retamar, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2006, p. 114.
[2] JM: “Libros americanos. Plática de libros”, La América, Nueva York, noviembre de 1883, OCEC, t. 18, p. 218.
[3] Véase, al respecto, la crónica “La última obra de Flaubert”, publicada en The Sun, Nueva York, el 8 de julio de 1880, OCEC, t. 7, pp. 126-130. (N. del E. del sitio web).
[4] “Quienes dicen que su obra capital es la Correspondencia pueden argüir que en esos varoniles volúmenes está el rostro de su destino”. (“Flaubert y su destino ejemplar”, ob. cit., p. 118).
[5] “Libros americanos. Plática de libros”, ob. cit., p. 222.
[6] “[…] Flaubert, no usa al hablar ni al escribir, palabra que no tenga en sí, sentido propio. Lenguaje así hecho, penetra y convence. La sobriedad es la nobleza de la inteligencia. Lo cual no excluye la abundancia, dentro de la cual se puede ser sobrio:—pero ¡es tan difícil que todos los frutos de un árbol estén a un tiempo lozanos y maduros! Ese es el genio: lo trascendental en lo opulento”. (JM: “Cuaderno de apuntes no. 8” [1880-1882], OC, t. 21, p. 234).
[7] JM: “Sección constante”, La Opinión Nacional, Caracas, 22 de noviembre de 1881, OCEC, t. 12, p. 59.

