Krausismo. Las ideas del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832) fueron introducidas en España por Julián Sanz del Río (1814-1869), profesor de la Universidad de Madrid. Para Krause, el mundo constituye un conjunto finito que se desarrolla en el seno de la infinitud divina, y que se escinde según dos maneras de ser: la Naturaleza y el Espíritu, las cuales confluyen en la Humanidad. Este sistema, que se designa con el nombre de panenteísmo, se aplica fundamentalmente a la ética y a la filosofía del Derecho.

     El krausismo se opone a la teoría absolutista del Estado —tal como fue concebida por Hegel— y proclama como ideal de la humanidad la federación de las asociaciones de finalidad universal, como la familia o la nación, sin perjuicio de su singularidad. A través de una serie de gradaciones, este proceso federativo engendraría una federación mundial que proporcionaría a cada uno de sus integrantes la participación en la Razón suprema y en el Bien. El krausismo ganó en España un extraordinario número de adeptos, y se transformó allí en un movimiento más ideológico, cultural y político que filosófico, ya que desbordó los límites universitarios para convertirse en una corriente de renovación espiritual que aspiraba a hacer revivir las energías nacionales, especialmente en los campos de la educación y de la política.

     Este movimiento contó con los discípulos formados directa e indirectamente por Sanz del Río, quien en 1860 hizo una adaptación al español de la obra de Krause, El ideal de la humanidad para la vida. Este libro, donde se desarrollan temas como la fraternidad universal, la gran familia humana, la cooperación entre los pueblos, la religión natural, el predominio espiritual de la virtud y la redención universal del hombre, contribuyó a conformar el pensamiento de importantes y diversas figuras de la intelectualidad liberal y, en general, del republicanismo español de la segunda mitad del siglo xix, tales como Fernando de Castro, Francisco de P. Canalejas, Nicolás Salmerón, Federico de Castro, Francisco Giner de los Ríos, Manuel Sales y Ferré, Gumersindo de Azcárate, Leopoldo Alas (Clarín), Francisco Pi y Margall, Emilio Castelar y Urbano González Serrano. En España, el pensamiento krausista se opuso al escolasticismo en el terreno filosófico, y al tradicionalismo en el político, social y educativo.

     A José Martí lo impresionó favorablemente este sistema, donde los fundamentos éticos y espirituales tienen mayor importancia que los específicamente especulativos y teóricos. Sin embargo, en su Cuaderno de apuntes no. 2 —a todas luces escrito durante su primera deportación a España—, afirmó: “Krause no es todo verdad. Este es simplemente lenguaje simplificador, divisor, castellano del que me valgo y uso porque me parece más adecuado para realizar en la expresión exterior (expresar) mis ideas”. Estas simpatías fueron atenuándose —tanto en el plano filosófico como en el político— a medida que el pensamiento de Martí maduraba, y mientras se hacía evidente la imposibilidad de esperar, de parte de los republicanos españoles, una actitud positiva ante el caso de Cuba. 

(Tomado de OCEC, t. 1, pp. 302-303).

Otros textos relacionados:

  • Béguez César: Martí y el krausismo, La Habana, Editora de Libros y Folletos, 1944.
  • Mercedes Serna Arnaiz: “Algunas dilucidaciones sobre el krausismo en José Martí”, Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, noviembre de 1993.
  • Josefina M. Suárez Serrano: “Impronta del krausismo en el pensamientomartiano”, Temas, La Habana, enero-marzo de 2019, no. 97, pp. 49-56.