A LA TUMBA DE “H. H.”

Este año, como el pasado, tuvo sus peregrinos la tumba de aquella ardiente poetisa y amiga de los infortunados, Helena Hunt Jackson. Ella era de nuestra América, por aquel fuego suyo para sentir, y aquel oro y azul para pintar, que le ganaron puesto tan notable, entre las mujeres ilustres de su tiempo. Protestante, entendió la hermosura del alma de los misioneros: blanca, se consagró a la defensa de los indios: norteamericana, amó, estudió y cantó a México.

     Ya tenía canas cuando por primera vez visitó las tierras ricas que fueron mexicanas; las tierras por donde anduvo descalzo, llamando a voces a los indios gentiles, el Padre Junípero; las tierras donde el rifle asesino del colono europeo ha abatido a aquella noble y enérgica raza, cuya poesía y decoro naturales nadie ha pintado nunca con tanta justicia como Helen Hunt Jackson, la famosa “H. H” en su “Siglo de Infamia”[1] y en aquella novela que parece un poema, que lo es de veras, que se lee como se estuviese viendo correr un río limpio por entre yerba virgen, oscurecido aquí por la nube que pasa dorado luego por el reflejo del relámpago lúgubre, y después enlodado, enturbiado, ensangrentado,— en el mejor de sus libros, Ramona.

     Y ella, como el Padre Junípero, cuando por la alegría de su alma al verse cerca de la libertad presintió “que había algo que hacer en otra parte”, no quiso dejar lo mortal suyo en un cementerio de ciudad, sino allí donde había amado a los míseros, donde había padecido y visto padecer, donde había trabajado por los indios infelices, en lo alto de uno de los cerros de los cheyennes, a cuyo pie recoge aun el salvaje piadoso la bellota con cuyo pan brindaba alegremente a los sacerdotes misioneros, cuando no conocía al blanco!

     A aquel cerro han subido este año muchas mujeres, que guardan en el alma los versos de Helen Hunt Jackson, muchos indios que saben que con ella se fue de la tierra su mejor amiga. Para supuesto (sic), para aquel puesto original y propio de sentidora ardiente y singular colorista, para aquel puesto de noveladora tiernísima y discreta, y de poetisa que en lengua inglesa solo tiene superior en Elizabeth Browing (sic), no han hallado aún sustituto las letras americanas.

[José Martí]

[“A la tumba de ‘H. H.’”, en La Juventud Literaria, t. 1, no. 31, 9 de octubre de 1887, p. 246. Hemeroteca de la Universidad Nacional Autónoma de México].

Tomado del Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2020, no. 43, pp. 36-37.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] A century of Dishonor (1881).