A CARMEN MANTILLA MIYARES

[Santiago de los Caballeros, 19 de febrero de 1895][1]

Mi muy buena Carmita:

De ti, y de tu paciencia, y de tus discípulas hablaba ayer, por una niña que no ha aprendido tan pronto como tu Candita, y sentí no tener retrato tuyo que enseñar. Pero te pinté como eres, natural y generosa, enemiga de pompa y mentira, sin más defecto ni pecado que enojarte cuando las cortinas de la sala no quedan exactamente a la mitad del cristal: y tengo fe en que los que me oyeron no te olvidan. Voy regando almas buenas, y noto cómo les crece a veces el alma a los que me oyen. Es que sufrían de desamor; y oyéndome, creen. Yo cuento al sesgo, como si no me oyeran los descreídos.—Y al hablar de ti, noté que un joven poeta, y no mal mozo, ni descortés, acercaba más al mío su sillón. Esto te parecerá a ti ahora, por ciertas razones, un desacato y una grave ofensa, pero por ahí verás cómo te recuerda y te lleva en el alma tu

J. Martí

Tomado de José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Plá; prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. V, p. 67.


Notas:

Véase Abreviaturas y siglas

[1] Hemos observado que regularmente, desde su partida hacia Santo Domingo, siempre que Martí le escribía a María Mantilla también lo hacía a su hermana Carmita. En la dirigida a esta última, el 2 de febrero de 1895 anota la dirección del doctor Ulpiano Dellundé, en Cabo Haitiano, adonde pueden dirigirle sus cartas; y en la de principios de marzo y del 18 del mismo mes, le habla de la que ella le envió. Debido a que en la misiva que estudiamos ahora no hace mención alguna de estas cartas que le escribiera Carmita, suponemos que ella no le había contestado aún, por lo cual la consideramos anterior a las dos que Martí les dirigió en marzo, y la incluimos con la misma fecha que la destinada a su hermana María, el 19 de febrero de 1895.