Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Compositor austríaco, considerado un genio del arte musical.[1] Autor de numerosas sinfonías, sonatas para piano —instrumento del cual fue un notable ejecutante—, música religiosa y de cámara, así como de varias óperas altamente estimadas por el público de su tiempo y por la crítica posterior. Entre sus piezas más notables se citan El rapto en el serrallo (1782), Las bodas de Fígaro (1786) y Don Giovanni (1787), las tres grandes sinfonías de 1788: no. 39 en mi bemol, no. 40 en sol menor y no. 41 en do (Júpiter); La flauta mágica (1791) y Réquiem en re menor, estas dos últimas inconclusas.
De su genio previsor, José Martí escribió: “Rompió Mozart por entre la densa atmósfera racionalista que tan alto grado alcanzó en la mitad segunda del siglo xviii. Lanzaban de sí los poetas y filósofos toda pura doctrina espiritualista: explicaba Condillac su sistema de sensaciones, y Voltaire su incredulidad convencional; ahogábase el alma bella del artista en aquel espacio mortal y mezquino;—y guardó en sus notas los suspiros del alma abandonada, y compuso sus obras con las lágrimas del espíritu huérfano. Ni un instante cejó en su empeño la vida siempre activa del imperecedero autor de Nozze.—Su música es una especie de lamentos de ángeles”. (JM: “White. Concierto del Conservatorio”, Revista Universal, México, 4 de junio de 1875, OCEC, t. 3, p. 74).
Decía Luis Amado-Blanco que en los “oídos” del “milagroso Mozart”, “había dejado el cielo un arrebato musical para la alegría de sus semejantes”, porque “Mozart entero desde sus minuetos infantiles hasta su Requiem, pasó a la oscura muerte, como advirtiéndonos de la necesidad del dolor y de la inutilidad de los grandes miedos sin la elegancia de la sombra”.[2]
[Tomado de OCEC, t. 12, p. 375. (Nota modificada por el E. del sitio web)].
Otros textos relacionados:
- Fina García Marruz: “Mozart” (1982), Habana del centro(1997) y “Mozart”, Umbral (1940-1951), Obra poética, prólogo de Enrique Saínz, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2008, 2 t., t. II, pp. 50-51 y 350-351, respectivamente.
- Sonnia Moro: “Mozart en Martí”, Granma Resumen Semanal, La Habana, 17 de febrero de 1991.
- Luis Manuel Molina: “Principio y ocaso de un coloso de la música”, Revista de la Sociedad Cultural José Martí, La Habana, 2006, no. 16, pp. 53-55. Aniversario 250 del natalicio de Wolfgang Amadeus Mozart.
Notas:
Véase Abreviaturas y siglas
[1] “[Mozart es] uno de los genios más auténticos que haya conocido la humanidad… Genio no solo por lo que fue capaz de expresar con su obra, sino también por su prodigiosa capacidad de bastarse a sí mismo, de extraerlo todo de su propia capacidad creadora […] Era un hombre de escasas lecturas, poco le interesaban las artes plásticas, y desconocía la producción de muchos compositores importantes de su tiempo. Pero tenía el don que es otorgado a muy pocos elegidos: el de presentir, intuir, adivinar en grado tan pasmoso, que el futuro vivía ya en él, inscrito en un presente ungido por la gracia de la inmortalidad”. [Alejo Carpentier: “Estudios mozartianos” (El Nacional, Caracas, 10 de marzo de 1956), Música (1956-1959), La Habana, Letras Cubanas, 2008, pp. 24-25). Consúltese, además, “La bibliografía mozartiana” (El Nacional, Caracas, 29 de enero de 1957), Música (1956-1959), ob. cit., pp. 116-117].
“Sin innovar el lenguaje musical de su época, Mozart da a su obra una profundidad que no encontramos en ninguna otra parte: su música es uno de los grandes libros del corazón humano. Frecuentar la obra de este músico es conocer y habitar un arte que nos ofrece la esencia misma de la música”. (Mario Lavista: “Presentación”, Pauta. Cuadernos de teoría y crítica musical, México, D. F., octubre-diciembre de 1986, no. 20, p. 3).
[2] Luis Amado-Blanco: “Mozart” (Información, La Habana, 26 de marzo de 1952), Juzgar a primera vista, prólogo de Gustavo Pita Céspedes, La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello y Ediciones Boloña, 2003, pp. 279-280.

